Por la música y su honra a la orden de Euterpe, la de agradable genio y en auxilio de Santa Cecilia, al cuidado de los músicos. Esta fue la misión abnegada de Miguel Ángel, un verdadero apasionado del arte que sirvió a la música como forma de vida, tanto desde la escena pública como desde la esfera privada. Un promotor cultural con vocación innata de servicio a la música, del tipo de personas que mueven el mundo.

No es sencillo en pocas líneas exponer un obituario en forma de semblanza sobre un personaje que procuró mucho crecimiento para la música, especialmente la clásica, en una tierra tan maravillosa como compleja; pues Málaga es arte en sí misma repleta de personas buenas y grandes, pero también acoge, como es propio en toda sociedad, a aquellos que envidian el buen hacer del vecino y que a veces no encajan la defensa y entrega personal por tu tierra sin más, algo que muchos en ciertos momentos vivimos con desazón.

Miguel Ángel ha sido una persona vital para el desarrollo de la música clásica en Málaga, donde desarrolló una magnifica labor al frente del “Museo Interactivo de la Música de Málaga”, exposiciones, cursos, conciertos, conferencias y un sinfín de actividades dedicadas a tan magna disciplina artística, la música. Fue un gran gestor cultural y un apasionado promotor del arte, labor que ejerció llevando exposiciones interesantísimas, siempre con la música como bandera, por muchos lugares del mundo. Esto era lo que verdaderamente le gustaba, ¡vaya pasión vocacional más bonita que tenía!

En el plano personal, tuve la oportunidad de conocerlo más aún en los últimos años, pues nuestras hijas narran su vida de forma realmente inseparable en su día a día en el Colegio de La Asunción, donde es y ha sido queridísimo y muy valorado. En el trato corto, siempre tenía una cara amable y estaba en el detalle. Poseía valores importantes que le hacían ser una persona altamente honesta, accesible, responsable, emprendedora y de gran corazón; algo poco común en la “transacción” diaria de hoy en día. Amigo de sus amigos, una persona que aun le quedaba mucho por darnos y que se ha ido dejando un vacío muy importante con tan solo 49 años.

Hasta el último momento seguía soñando y compartiendo proyectos, su WhatsApp echaba humo con ideas y música, siempre estaba llamando a la puerta digital. Miguel Ángel reunía precisamente un espíritu fresco y joven que, en palabras de nuestro más célebre compositor, Manuel de Falla, no podría quedar mejor dicho: «La música no es sólo el arte más joven, sino tal vez el único cuyo ejercicio, si ha de ser eficaz, exige una completa juventud de espíritu». Nos deja un bello legado con un Museo que se adelantó a estos tiempos digitales que ahora intensamente hemos acelerado por motivos de la pandemia, y cientos de detalles fundamentados sobre todo en su generosidad subrayada. Perdemos un motor muy importante para la cultura de esta ciudad, baluarte y defensor de la música, que tanta falta nos hace.

Como coda final, no debemos de olvidar que jamás perdió su condición de melómano empedernido y, por ello, su amor por los grandes Bach, Mozart o Beethoven. Fue un gran soñador, pero de los buenos, de aquellos que materializan, porque su pasión, que al final es el único motor verdadero, consiguió que muchas de sus ilusiones se convirtieran en realidad. «Lo lamento mucho, muchísimo. La injusticia por la pérdida nos llena de tristeza e impotencia, pero nos queda la fuerza que ha tenido Marta para afrontar estos duros momentos, un autentico ejemplo que hay que seguir». Toca ahora no olvidar su labor y seguir su legado, que no duden estará presente en el trabajo diario de este que escribe.