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José María de Loma

Notas de domingo

Jose María de Loma

La ciudad velada

La ciudad velada

Lunes. Le dice la novelista Bárbara Blasco a Juan Cruz en El Periódico de España que «La culpa es un gran motor para escribir». Pues anda, que la culpa por no escribir... La autora, ganadora del premio Tusquets de Novela 2020, regresa con una historia de dos adolescentes ansiosas por vivir deprisa en la Valencia de los 80. Suena Bien. El día va de adolescentes. A la noche vemos 'Chavalas'.... Esa bendita Cataluña mestiza, el valor de la amistad, lo bien que se está con los amigos de siempre tomando botellines. La peli es bonita y tiene más mensajes, pero a mí eso de los botellines es que siempre me ha parecido muy simbólico.

Miércoles. Mesón Ibérico. González Ruano hablaba de la sagrada hora de los desayunantes. Esta es la de los oficinistas almorzantes. Zona de abogados y oficinas. Algún guiri. Paseantes. El comedor está lleno. En la fachada, con repisitas para los vasos y las tapas, la gente cervecea. Nos acomodamos en la barra. Una de las mejores de la ciudad por lo que exhibe. Embutidos de primera, pescado y marisco fresco. Nos damos a los bolos, que para ser la ostra del pobre tienen una carnosidad y jugosidad poco parangonable. Ensalada de huevas, gambas plancha, lomo, boletus. Nos conjuramos para probar la próxima vez el solomillo, que sale de continuo desde la cocina a las mesas. Cerca de nosotros un padre y su hija, ella uniforme de colegio bien, hablan de política, que es de lo que habla todo el mundo hoy. Mañana hablarán de Ucrania. El chupito de Baileys, para qué me meteré yo en nada, me deja la lengua pastosilla y me introduce un ligero malestar de testa. Justo lo que necesito para el bolo que me espera, vaya. Este bolo no es de comer, no es ese bolo que parece un cruce entre almeja y ostra, ya lo he dicho. Es un bolo literario. Sale bien. Veo a muchos conocidos. Lectores incluso. Hablamos, gracias a la Fundación Pérez Estrada, de la obra de José Antonio Sau. El pánico a hablar en público me va a acompañar siempre. La gerente de la Fundación, Ana Cabello, nos regala unos adminículos entusiasmantes: una libreta, un lápiz, un libro del gran Rafael, «La ciudad velada», todo con el logo de la entidad. Y una baraja de cartas preciosa. Cada carta un dibujo de Rafael Pérez Estrada. El mago. Leo uno de sus aforismos: «La chimenea es solo una torre que suspira». De madrugada, yogur a oscuras, me pregunto por qué nadie informa acerca de si en Génova los barones y Casado han pedido pizzas o hamburguesas. Feijóo estará harto de marisco.

Jueves. «La alegría del exceso. Diarios gastronómicos», de Samuel Pepys, ilustrado, sabio, erudito, político y hedonista comedor y bebedor inglés (1633-1703). Han extraído de sus prolijos diarios (que abarcan setenta años y fueron publicados cien después de que cascara) las entradas y párrafos relacionadas con los placeres de la mesa. Preciosa edición de Nórdica. En un párrafo hace el recuento de las garrafas de vino que tiene, que espera y que ha comprado. Tiene vino de Málaga, señala. Pepys es el cronista más célebre de Inglaterra y los historiadores lo utilizan como gran fuente primaria para saber cómo era la vida allí en esa época. Leo lo de un día cualquiera: un 25 de mayo. Se afeitó con piedra pómez y almorzó «los primeros guisantes del año». Debería repasarme la barba, que mañana voy a la tele.

Viernes. Miro el selfie que me hice ayer en el plató con Alberto López y Alfonso Sánchez, los compadres, que estrenan peli, «El mundo es suyo 2». Es de lo mejor que me ha pasado en la semana. Eso y una noche que dormí siete horas del tirón. Y antes de empezar el día me pongo, arriba ese ánimo, su mítico vídeo de 2009, «Eso es así», casi 4 millones de visualizaciones. Por la tarde, llueve. Me propongo como ejercicio mental describirla.

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