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Opinión | La calle a tragos

Cristóbal G. Montilla

Cristóbal G. Montilla

Redactor de Política

Málaga

Vivir es bonito, ¿verdad?

Ana María Matute, en una imagen de archivo.

Ana María Matute, en una imagen de archivo. / L. O.

La vida sigue su curso y, de vez en cuando, destila tragos tan amargos que nos invitan a dejar de creer en el sentido de la propia existencia humana. Aunque sucumbir al pesimismo siempre implique cierta cobardía, el halo de negatividad que empuja este artículo solo debe ser una de esas cosas que uno piensa en esta época precisa, tan herida de barbarie, cantos interesados de apocalipsis e incertidumbre. Viene a ser lo que alguien piensa cuando todavía no ha terminado una pandemia y estalla una guerra que destroza injustamente a un pueblo como el ucraniano, mientras un sátrapa amenaza a Europa entera. En tiempos de desvaríos belicistas como los actuales, el ‘ser o no ser’ de William Shakespeare se presta a una interpretación de lo más radical, si atendemos a la debilidad propia de un papel de fumar que se apodera de la frontera tan esencial que separa a la vida de la muerte.

Cuando el hipotético campo de rosas se degenera de una manera insoportable y desemboca en un páramo en el que solo crecen espinas, esa búsqueda de ventanas con una ráfaga de luz me recuerda a lo que una vez me dijo una mujer sabia y entregada a la vocación de ser libre. Aquello ocurrió un miércoles de febrero por la tarde. Fue en el año 2010 y no he conseguido -ni he querido- olvidarlo. Sucedió en la cafetería del Hotel Molina Lario de Málaga y, al mirar a sus ventanales, ella agradeció la impagable luminosidad de esta ciudad mediterránea asegurando que «es una luz que hasta duele físicamente, por fuera te hace daño y por dentro te ilumina». Aquella persona era la escritora Ana María Matute (1925-2014) y se limitó a hacerse una pregunta con su consiguiente respuesta: «¿Vivir es bonito, verdad? Vivir es lo único que nos regalan, por todo lo demás hay que pagar. A mí me encanta vivir, por muy mal que lo haya pasado y por muchas putadas que me hayan hecho. La ilusión por la vida hace que soportemos la proximidad de la muerte».

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