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La Opinión de Málaga

Cristobal Montilla

La Bodeguilla

Cristóbal G. Montilla

La política andaluza y el autobús

El autobús del PSOE no gasta mala leche como el de Vox; Moreno ha puesto el autobús para que no le salpique el pacto de Castilla y León

Un grupo de socialistas marbellíes, con el exalcalde José Bernal entre ellos, posa la semana pasada junto al autobús que promociona la candidatura de Juan Espadas.

Últimamente, veo a Juan Espadas casi todos los días. Me lo suelo encontrar, por la mañana y por la tarde, cada vez que uso el tren de Cercanías. Cuando me cruzo con él, percibo a un Juan Espadas que aspira a caernos bien a todos los viajeros que nos apresuramos a pasar bajo su mirada fotogénica. La valla publicitaria que acapara su rostro en la estación torremolinense de La Colina multiplica el realismo que destila un museo de cera. No arrastra el mismo mal fario que aquella estatua de Cristiano Ronaldo. Este Juan Espadas se parece tanto a un Juan Espadas de Photoshop que, en una de estas, voy a caer en la tentación de saludarlo. Y puede que, como cada vez que viene a Málaga y a uno le toca coger sus declaraciones, él haga uso del ‘memorión’ que le caracteriza y me recuerde cuándo y dónde fue la última vez que nos habíamos visto. Incluso, me dará recuerdos para nuestro amigo común el alcalde de Don Benito, José Luis Quintana, y hablaremos de la fusión con Villanueva de la Serena. En verdad, no me atrevo a saludarlo porque sé que, como lo haga, pierdo el tren. Y, entonces, para llegar a mi trabajo voy a tener que pedirle prestado el autobús y luego no seré capaz de aparcarlo.

Porque Juan Espadas también tiene un autobús. El otro día estuvo en Marbella. El autobús, no Juan Espadas. El vehículo recorre Andalucía como si no hubiera un mañana. Eso sí, de buen rollo. Y con el único afán de recordarnos a la gente del sur que, cuando nos despertemos el día que pongan las urnas, Juan Espadas todavía estará allí. Como el dinosaurio del microrrelato de Augusto Monterroso.

Todo sea dicho: el autobús del PSOE no gasta la mala leche que proclama a los cuatro vientos andaluces el de Vox. De hecho, el de Vox no lleva estampado al estilo chapa y pintura a algún candidato o candidata. Aunque no lo esconden, todavía no es oficial que le han reservado los carteles a Macarena Olona, quien -según dice ella misma- es de Alicante porque «los andaluces nacemos dónde nos da la gana». El autobús de Vox es diferente. Saca a pasear los rostros de los expresidentes Manuel Chaves y José Antonio Griñán. Además, ambos tienen como compañeros de viaje a los logotipos de los sindicatos Comisiones Obreras y UGT. Encima, el eslogan no es tan naíf como el del PSOE (La Andalucía que quieres). Y no tiene ‘corazoncito’. Este autobús verde prefiere los signos de exclamación: ¡Devolved lo robado!

Está claro. El autobús se ha instalado por activa y por pasiva en la política andaluza. Dicen que Juanma Moreno ha emulado a los entrenadores de los equipos pequeños cuando visitan el Santiago Bernabéu o el Camp Nou. Ha puesto el autobús para que no le salpique en las urnas el pacto de Castilla y León y los de Abascal no le metan un gol. Tras los malos ratos, ahora le toca aferrarse a una defensa numantina contra Vox y marear la perdiz enumerando las virtudes de Feijóo, mientras decide cuándo convoca elecciones. La otra mañana, proclamó que su Gobierno ya ha celebrado cuatro veces el 28-F y el 8-M. «Las legislaturas duran cuatro años», añadió como si invocara la respuesta del inquietante personaje de la ‘peli’ ‘El hoyo’: «Obvio». No obstante, todo puede tener trampa. Igual significa que el círculo se cierra y se abre la veda para los comicios antes que Mañueco parezca de Vox.

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