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Juan de Dios Mellado

Felipe Romera, doctor honoris con causa

Felipe Romera, director del Málaga TechPark. L. O.

Hay momentos en la vida que son irrepetibles y marcan profundamente. Yo he tenido la suerte, como periodista, haber vivido alguno de ellos, como cuando fue presentado en Madrid el Parque Tecnológico de Andalucía (PTA). Que aquella Málaga de las mil tabernas sentara sus reales en Madrid con el proyecto más ambicioso de modernización tecnológica era como poner una pica en Flandes. Pero así fue. Detrás, cuatro personas a los que nunca valoraremos lo suficiente: José Miguel Salinas, consejero de la Junta, que fue quien diseñó y encargó el estudio ya en el año 1985, siendo Málaga la ciudad que más y mejor reunía las condiciones para instalar el mayor proyecto tecnológico de Andalucía. Salinas nunca alardeó de ello, era su obligación y punto. Detrás, el presidente del Gobierno andaluz, José Rodríguez de la Borbolla, el alcalde de Málaga, Pedro Aparicio y el rector de la Universidad de Málaga, José María Martín Delgado, los cuatro socialistas. Salinas sería el verdadero diseñador del proyecto, acogido, al principio, con dudas, no pocos recelos y escasos apoyos de las otras fuerzas representadas en la Cámara andaluza. Borbolla, Aparicio y Marín Delgado, cumplieron, lo que no es poco. Y detrás, en silencio y discreto siempre, Felipe Romera, un joven ingeniero, sin experiencia en la gestión que cuando se inauguró el PTA en diciembre de 1992, con Manuel Chaves ya de presidente, y que cuando arrancaba en lo que había sido un erial en Campanillas lo hizo con 8 empresas y 130 trabajadores. Ahora tiene cerca de 21.000 trabajadores y 639 empresas. Esto tiene un sello: Felipe Romera Lubias, lo quiera él o no, de naturaleza modesta, incapaz de ponerse una medalla, incluso las merecidas. Y, detrás o delante, como se quiera, la Universidad de Málaga. El PTA no sería lo que es sin la Universidad, pieza esencial en su desarrollo y afianzamiento. Y tampoco la Universidad de Málaga sería la misma sin este apeadero internacional donde las nuevas tecnologías son su esencia. La UMA, posiblemente entre las primeras universidades de España en investigación, tiene en el PTA un apoyo crucial para su futuro. Esto lo sabe y lo tiene dicho el actual rector José Ángel Narváez Bueno, investigador de reconocido prestigio, quien consciente, con su equipo, del significado del PTA nunca dejó de apostar por el mismo. Que ahora haya decidido, con mucha sensibilidad y clarividencia, otorgar a Felipe Romera Lubias su más alto galardón no hace más que certificar un trabajo bien hecho, excelente. Estoy convencido de que el responsable de la Laudatio, el profesor de Teleco, Carlos Camacho, tendrá las medidas palabras que permitan reconocer la justicia del otorgamiento de doctor Honoris Causa, mañana día 24.

Yo sólo puedo decir que he conocido y tenido amistad con Felipe Romera desde que se constituyera el PTA en el año 1990, siempre con el respeto que me merece quien ha dado lo mejor de sí sin esperar reconocimiento, salvo el de un trabajo bien hecho. Por eso, cuando ahora observo que se ha puesto de moda el descarado intento de reescribir la historia de nuestra tierra adjudicando a personas, que ni estaban ni se le esperaban, la modernización de Andalucía, se me llevan los demonios. La modernización social, económica y política de Andalucía tiene acreditados nombres que lo hicieron posible, todo lo demás son chupachús que no resisten ni una chupada. Reinventarse la Transición es traicionar a la historia. Y eso, no se hace. O que ahora, también, y maltratando palabra tan sagrada como es la concordia se quiera rescatar para la democracia a personajes de catadura fascista y franquista, tal cual el gaditano José María Pemán. No es sano colgar medallas a quien no las merece. Si quieren conocer, de verdad, a este personaje de nefasto recuerdo, recomiendo el libro de Paul Preston Los arquitectos del terror. (Editorial Debate).

El doctor Romera nunca dirá, ni reconocerá ser parte esencial en la puesta en marcha del PTA, ni intentará sobresalir, cabeza alzada, para la fotografía, ni mentón como ariete para taladrar el aire, propio de algún que otro político. Lo suyo ha sido y es lo contrario. Y por eso, yo personalmente, valoro sobre manera que se le haya otorgado por la Universidad de Málaga, que no da puntada sin hilo, su máximo otorgamiento a quien, dado su natural carácter de no hacerse notar, sólo puede, y no es poco, hacer valer su trabajo y la eficacia de la gestión. Todo lo demás, son pamplinas. Lo dicho, doctor Romera, Honoris con Causa.

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