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La Opinión de Málaga

José María de Loma

Notas de domingo

Jose María de Loma

Brumas paralelas

Londres.

Lunes. Vemos ‘Madres paralelas’, de Almodóvar. De quién si no. Me acuerdo a las primeras de cambio de la crítica que hizo Víctor A. Gómez en este periódico en la que se preguntaba por qué Penélope Cruz anda así. Eso es. Por qué. Qué le pasa. Hay tres historias en esta película, las tres fallidas. Lo de la memoria histórica está metido como para cazar subvención pero lo peor es que va aburriendo por falta de ritmo. E inverosimilitud. Me da cosa malhablar de una peli de Almódovar, que me ha hecho pasar muy buenos y felices momentos. No con ‘Los amantes pasajeros’. Para ensañarme, al acabar de verla me voy al teléfono a recordar qué dijo Carlos Boyero de esta cinta. Menuda hostia.

Martes. «Tenemos huevos fritos con habas. Vienen con su vaina». Con ese saludo, a uno se le segregan ya las expectativas y los jugos gástricos. El María, calle Pintor Sorolla. Hay un escritor en una mesa cercana. En el María siempre hay un escritor. Una vez hace años soñé que el propietario me llamaba alterado a las dos de la tarde diciendo si podía ir, que se estaban llenando todas las mesa y no había ningún escritor aún en el comedor. Le dije que yo aún no era escritor, que quería serlo, que tenía una novela a punto pero que por ahora era periodista. El propietario dudó unos segundos. Los propietarios si dudan de algo solo dudan unos segundos. Los pobres somos como más dubitativos. Dudó poco y exclamó airado: déjate de excusas y vente para acá, me vales tú mismo, creo que tu foto sale en el periódico. Me fui corriendo, pero cuando estaba a punto de sentarme y pedir arroz con bogavante me desperté. En otra mesa hay un señor que se parece a Buenafuente. Mientras mojo pan en las habas y espero la merluza, pienso en cómo serán recibidas en esas mesas de casa bien las paellas para llevar que incesantemente viene gente a recoger. Cuantos «José Antonio, hoy compórtate que viene mi madre a comer» se habrán pronunciado hoy en esos cientos y cientos de chalés enclavados en las no tan suaves colinas que habrá a nuestras espaldas. Ceno una pera.

Miércoles. Tengo que continuar la lectura de ‘Barbazul’, de Javier Cercas, pero me engolfo con ‘Obra maestra’, de Juan Tallón. Ahí es nada que se pierda una escultura de muchas toneladas que debería estar expuesta en el Reina Sofía. Una lata de espárragos salva la cena. Creo que hoy es la noche semanal de insomnio. Me da por enumerar en cuantos idiomas sé decir coche. Nueve.

Jueves. Natasha ha conducido desde Kiev hasta Zaragoza llevando a sus hijos y a la madre de su marido, que se ha quedado luchando. Hoy está en Málaga. Observo su entereza. La entereza puede observarse si uno pone atención. Habla bajo y con dignidad. Todos le preguntamos y seguramente la abrumamos. Sus ojos han visto las bombas y los cuerpos destrozados. Testimonio de muchos quilates.

Viernes. The Times recomienda visitar Málaga y yo recomiendo visitar The Times. Cuando tenía doce o trece años fui con mis padres a Londres. Me llevaron a Fleet Street, la calle en la que tenían la sede la mayoría de los periódicos. Vi bobinas de papel gigantes en la calle. Trasiego. No sé si allí estaba The Times. Creo que Reuters estuvo hasta el dos mil y poco. El nombre de esta calle se sigue utilizando metonímicamente en Inglaterra para denominar a la prensa. Nos alojamos en el hotel Royal Lancaster. Cuánta gente habrá dormido desde entonces en la que fue nuestra habitación durante cuatro o cinco días. Comí fish and chips y me compraron un casco de policía. Vimos el cambio de guardia en Buckingham Palace. He vuelto otras veces a Londres. Y la bruma siempre me ha parecido menos pura que entonces.

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