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Joaquín Rábago

De pacifistas radicales a entusiastas de la OTAN

Jesn Stoltenberg, secretario general de la OTAN

La de los Verdes alemanes sí que es una conversión por todo lo alto: de pacifistas radicales en los años ochenta han pasado a entusiastas de la OTAN en su estrategia frente a la Rusia de Vladimir Putin.

Actualmente miembros del Gobierno de coalición con socialdemócratas y liberales, los Verdes no pierden ocasión de criticar ahora a quienes consideran responsables de la actual dependencia alemana del gas ruso, que permite a Moscú financiar su brutal agresión contra Ucrania.  

Sus últimas críticas tienen por blanco a la jefa del Gobierno de Pomerania-Mecklemburgo Occidental, la socialdemócrata Manuela Schwesig, a quien acusan de haber defendido hasta el final la construcción del segundo gasoducto germanorruso del mar Báltico.

El presidente de los Verdes, Omid Nouripur, denuncia las conexiones existentes éntrela empresa estatal rusa Gazprom y el Gobierno de ese “land”, a cuya costa debía llegar el gasoducto de la discordia.

Su correligionario y también diputado Anton Hofreiter exige una investigación que aclare como ese Gobierno regional pudo convertirse en “cómplice” del Nord Stream 2.

“Que un año después de la anexión rusa de Ucrania se decidiese construir ese gasoducto y aumentar así todavía más la dependencia de Rusia por los hidrocarburos rusos es un escandaloso”, critica hoy Hofreiter. 

A esos críticos se ha sumado otro conocido atlantista, el cristianodemócrata Norbert Rögen, según el cual “si se confirma lo que cuentan los medios, Manuela Schwesig no puede continuar en el poder”.

El Gobierno de Pomerania-Mecklemburgo está siendo sometido a fuertes presiones desde que se supo que había creado una fundación ecologista para sortear las sanciones estadounidenses a las empresas implicadas en la construcción del gasoducto.

Se culpa sobre todo al ex canciller socialdemócrata Gerhard Schroeder, hoy multimillonario y amigo personal de Putin, de haber ejercido su influencia como lobista de Gazprom sobre el Gobierno de su correligionaria Schwsesig. 

Los principales medios de comunicación alemanes no escatiman tampoco sus críticas al actual canciller federal, el socialdemócrata Olaf Scholz, a quien acusan de resistirse al envío a Ucrania del armamento pesado alemán que reclama el presidente de ese país, Volodímir Zelensky.

Al mismo tiempo, critican hoy al anterior Gobierno de coalición de Angela Merkel entre cristianodemócratas y socialdemócratas, del que ya formaba parte Scholz como vicecanciller, por sus años de “entente” con la Rusia de Putin.

En sus editoriales, esos medios acusan al país de Scholz y de Merkel de haber mirado sólo por sus intereses. ¡Como si los Estados Unidos de Joe Biden, que vende ahora a Europa su propio gas licuado, más caro y contaminante que el ruso, no estuviera defendiendo los suyos, incluidos los de su poderosa industria armamentista! 

Ni deja de ser contradictorio que el actual ministro de Economía, Robert Habeck, del partido ecologista, no hiciera demasiados ascos a la firma de un contrato para el suministro de energía con los Emiratos Árabes Unidos, país que no es precisamente un dechado de respeto de los derechos humanos. ¡Es lo que llaman “realpolitik”. 

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