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La Opinión de Málaga

Tribuna

Mujeres y fútbol

Las jugadoras del Barça celebran en el Camp Nou su manita y el primer récord mundial de asistencia a un partido femenino. Reuters

Ya quedan atrás las letras de las canciones en las que se decía que la mujer esperaba a que el domingo volviera el marido del campo, tras ver el partido de su equipo (creo que era de Manolo Escobar). Ahora, las mujeres están no solo yendo al fútbol sino jugándolo, y de qué manera.

Me viene la idea del artículo a raíz de dos noticias que se dieron hace algunas semanas prácticamente al mismo tiempo y que dan muestra evidente de que el mundo no gira de igual forma en todos los sitios, y el fútbol es síntoma de ello.

Por un lado, se batió el récord mundial de asistencia a un partido de fútbol femenino, cuando en el Camp Nou asistieron, a los cuartos de final de vuelta de la Champions League, entre el Barcelona y el Real Madrid, el asombroso número de 91.553 espectadores, que era la máxima de toda la historia hasta que hace unos días se superó en otro partido continental del Barcelona contra un equipo alemán al llegar a 91.648.

Esto nos debe congratular ya que no solo en Alemania, Estados Unidos, Canadá o Suecia, por ejemplo, el fútbol femenino es seguido, sino también en nuestro país. Es cierto que era un ‘clásico’ y que hay un morbo especial entre los dos clubes, pero nadie se imaginaba una tal cifra de aficionados hace solo unos pocos años ni que solo unas semanas después se repitiera y batiera la cifra.

De esa noticia estupenda para el fútbol, ojo sí, no solo para el femenino, sino para el deporte en general, que traerá más espectadores pero también más patrocinadores, más televisión y, en definitiva más dinero al balompié, que es también lo que se busca. De ahí, la profesionalización del fútbol femenino dará un gran paso adelante, porque la visibilidad es lo que hace que un deporte tenga más o menos éxito, no nos engañemos...

Pero, si esos 91.553 espectadores fueron el punto culminante positivo de la semana, en otra parte del mundo se jugaba un partido, masculino ese, pero con connotaciones sobre la igualdad de la mujer. En efecto, Irán y Líbano se enfrentaban en Teherán y el primero, ya clasificado para el Mundial de Qatar, iba a festejar ese hito.

Se vendieron entradas a hombres y mujeres, porque a pesar de la prohibición constante de los clérigos iraníes de que las féminas no se acerquen a los partidos, porque la visión de hombres en pantalón corto podía ser negativa para ellas, la FIFA instó, en el 2019, a la Federación de la República Islámica de Irán, a que se permitiera su entrada a los partidos.

Algo ocurrió y algo se hizo, pero en este encuentro de alegría por la clasificación, no se permitió que acudieran al estadio a quienes habían comprado su entrada. Y 2.500 mujeres protestaron, fuera del campo, porque no las dejaban integrar el estadio, con sus entradas bien compradas y en la mano.

El gobernador de turno dijo que no se podía dejar entrar a todo el mundo, que sería peligroso, que no se qué de más entradas vendidas, pero la realidad es que solo quedaron fuera las mujeres...

En fin, que o la FIFA mete mano o volveremos a la prohibición absoluta. Y ya que FIFA sanciona a Rusia por la invasión de Ucrania, ¿por qué no a Irán por no cumplir con su obligación? Y es que el máximo organismo vela por la igualdad, así que aquí tiene la oportunidad de dar un paso adelante...

En fin, una pequeña recomendación cuando la primavera parece llegar de verdad: un delicioso libro, «Los otros Sherlocks Holmes», una recopilación de grandes autores que se atrevieron a homenajear o, a veces, a ridiculizar, al gran personaje de Conan Doyle. Disfrútenlo y cuídense.

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