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La Opinión de Málaga

Gonzalo León

La vida moderna Merma

Gonzalo León

Feria con traje

Real de la Feria de Sevilla. Gonzalo León

No somos conscientes de lo mucho que están influyendo las redes sociales en el día a día de las nuevas generaciones. Conforman nuestra vida. No son complemento. Son parte. Están dejando de ser consumidas para ser participadas por nosotros mismos.

La gente crea muchísimo contenido para que los demás lo vean. Y la mezcla de influencias es enorme.

La pandemia ha dado el golpe más potente a este universo. Todo seguía igual. O eso parecía. Pero la realidad ha sido que, al volver a la vida real, el golpetazo de las redes ha sido extraordinario.

Confluyen en ellas multitud de discursos y están globalizando asuntos que antes no lo eran. La Semana Santa ha sido quizá el primer gran evento que ha colapsado las redes de diferentes formas según los núcleos. Hemos visto a muchachos, muchachas y muchaches subiendo videos de TikTok con sus capirotes, sus túnicas, haciendo sus bailes o mostrando estampas de Semana Santa, pero sonando de fondo Don’t Start Now de Dua Lipa.

Probablemente nos toque vivir eso. Aunque no lo comprendamos. Pero es la vida. Y el mercado. Las modas dejan de serlo cuando se implantan de manera certera y este mundo no tiene mucho en común con el de hace una década.

La cuestión es que, con la llegada de la Feria de abril, estamos viviendo una semana interesantísima en las redes sociales. Los nuevos vienen pisando fuerte, sin la losa chunga del localismo y con bastantes menos complejos que los de mi quinta en cuanto a comparaciones se refiere.

Sevilla tiene la mejor Feria. La más bonita, elegante, fina y alegre. Familiar. Con sentido. Sin ánimo de lucro entre quienes organizan las casetas. Está hecha para pasárselo bien y no para ganar dinero. Pero a la vez genera empleo y movimiento de dinero. Es, en líneas generales, la mejor.

Solamente hay que analizar que siga siendo copiada allá por donde vas. El resto de ferias andaluzas son sub productos, acertados por cierto, de la gran feria original. Por eso siguen acudiendo a ella la gente más potente en lo social. Porque aquello sigue pitando. Funciona y gusta.

Igual que acuden en verano a Marbella a los conciertos clave en Nagüeles. Señal de que es cosa buena.

Pero lo genial que está sucediendo es que los más jóvenes están comprando el modelo positivo de lo tradicional. De arreglarse para la gran fiesta de tu ciudad. De vestir de gitana con influencers regionales compartiendo mil y un datos sobre banalidades que arrasan en internet como entretenimiento. Y francamente lo encuentro estupendo. Alegra ver a mujeres moviendo el circuito de la moda flamenca en casi toda Andalucía y cómo desde Málaga se asume también ese rol.

Y es que nuestra ciudad siempre ha sido buena en adquirir lo ajeno y hacerlo suyo. Siempre quedará la famosa frase de «Málaga puso caro El Rocío». Y es que cuando aquí se corrió la voz de que aquello de Almonte era fantástico empezaron a moverse tráileres de malagueños a vivir una romería que es un sueño, aunque no seas de Sanlúcar o Coria.

Por eso, viendo el panorama en Instagram, los preparos y arreglos de los nuevos en adaptarse y respetar una fiesta buena, quizá se abran algunas vedas que puedan afectar positivamente a Málaga y su feria.

Cierto es que hasta ahora no ha pasado. Y el malagueño se mimetiza con el entorno a la perfección y se mancha de albero sus extraordinarios zapatos pero llega agosto y acude a su feria como si viniera de la playa. En Sevilla la gente va a la feria con traje. En Málaga la gente va a la feria con traje. De baño. Y la diferencia es importante.

Y la justificación de la temperatura es ridícula. Puedes ir estupendamente vestido en agosto. Y para algo existe el aire acondicionado. Por lo tanto, quizá el mundo globalizado de internet sirva también para copiar lo bueno ajeno y hacerlo propio.

Málaga comienza ahora a cocinar un año más su feria. Una fiesta que sigue precisando un cambio integral que comience por la desvinculación absoluta del mundo peñista -literal- de este universo. No tiene sentido que entidades prácticamente irrelevantes en la sociedad actual sean responsables de las casetas que, posteriormente, sub arriendan a terceros para hacer negocio.

Toca promover las casetas familiares, achicar el real y sus mega dimensiones que nadie usa y comenzar a fomentar otros ambientes.

Nada de lo anteriormente descrito creo que pase. Al menos este año. Todo seguirá siendo igual. Pero con poco que se hiciera por parte de los que la organizan, el público bueno respondería al instante. Tenemos una fiesta estupenda, con un clima genial y un real que con cuatro cositas se quedaría la mar de apañado.

Obviamente, si el plan a seguir es comenzar una feria en la playa con un concierto… mal va la cosa. Porque partimos de lo chabacano y todo lo que le sigue irá por la misma línea.

Estamos a siete de mayo y ya se ven las cosas complicadas. Ojalá nos llevemos una sorpresa. Y los muchachos cojan ideas de sus redes sociales para aplicarlas a su ciudad. Y se cambien las flores caídas en un lado con camiseta y bermudas para dar paso a los trajes de flamenca con su realce y elegancia.

Que se puede seguir conviviendo con los de fuera. Pero sería interesante comenzar a pensar por un momento en los de aquí.

Ojalá haya suerte y los niños de TikTok nos cambien la feria. Está por ver.

Viva Málaga.

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