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La Opinión de Málaga

Ánxel Vence

CRÓNICAS GALANTES

Ánxel Vence

Díaz y Feijóo marcan tendencia

Yolanda Díaz. JOSE LUIS ROCA

Dos gallegos, la una de izquierda/izquierda y el otro conservador de la rama liberal, son los líderes agraciados por el favor del público, cuando menos en las encuestas. Solo la vicepresidenta Yolanda Díaz y el nuevo jefe de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, obtienen de hecho un aprobado en el último barómetro del CIS.

La común procedencia gallega ha llamado la atención de algunos, aunque esa sea cuestión tan irrelevante como cualquier otra vinculada a la denominación de origen.

Cierto es que a Feijóo se le suele identificar en las crónicas con la coletilla de El Gallego, como si no hubiera tres millones más en el mundo; pero eso ha de ser mera pereza lingüística. Igual que la pertinaz cita del gallego en la escalera o las inevitables alusiones a Franco, Fraga y Rajoy.

Hay en realidad coincidencias de otro tipo entre Díaz y Feijóo, más allá de la cuna. Los dos gastan, por ejemplo, fama de vestir el cargo: especialmente la vicepresidenta, a la que la derecha más radical moteja de «fashionaria». Parece un rasgo más bien anecdótico, si bien conviene tener en cuenta que estas virtudes de sastrería podrían tener más importancia de la que a menudo se les da. Una vestimenta correcta es señal de cortesía para el público, que a menudo agradece estos detalles mundanos.

Más significativa resultaría ya la circunstancia de que ambos compartan sentido práctico, que no es cosa menor. A los dos se les ve flexibles en el abordaje de los problemas, más allá de los corsés ideológicos habituales. En tiempos de hooligans que solo atienden al dogma y a las esencias, esa imagen dialogante de líderes con cintura bien podría haberles favorecido de cara al público.

Alberto Núñez Feijóo. EFE

Si por ideas fuese, casi no habría dos políticos más opuestos. Díaz es comunista, aunque apenas se le note; y, como se sabe, el sustantivo comunismo no tolera fácilmente que se le añada el adjetivo de moderado. Ni siquiera en los ya lejanos tiempos del eurocomunismo amable de Enrico Berlinguer.

Se trata más bien de pragmatismo. La ministra de Trabajo ha tomado disposiciones a favor de los trabajadores, que es lo suyo; y quizá eso lo hayan tenido en cuenta muchos de los que la sitúan en primer lugar entre las preferencias de los españoles. Se lo pone fácil, además, la ultraideologizada extrema derecha al cuestionar incluso la jornada de ocho horas aprobada hace más de un siglo.

No es muy distinto el talante de Feijóo, aunque juegue en el equipo de enfrente. También el nuevo líder del PP es un caso claro de adaptación a la realidad más allá de los catecismos ideológicos. Ofrece diálogo al Gobierno, habla con sindicalistas y empresarios y no es probable que alguien se lo imaginase montando una bronca, lo que acaso se agradezca en el iracundo ambiente de la Corte.

Conservador clásico el uno y comunista sin herrajes la otra, los dos coinciden en ofrecer serenidad y un guion propio más allá de los ‘argumentarios’ -horrenda palabra- de sus partidos. Casualidad o no, son los más apreciados por la gente en los sondeos

Otra cosa es que esa buena opinión general con la que las encuestas les favorecen se traduzca luego en votos, claro está. Conforta en todo caso saber que el público ya no presta su favor -o eso parece- a los políticos vocingleros que hasta ahora venían marcando tendencia. Cambios de la moda, que también funciona en la política.

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