SABER ESCUCHAR

En este siglo XXI, en el que de manera indiscutible se concede una inusual importancia al hablar y a la retórica o ‘ciencia del discurso’ -que, por cierto, tanto ya exaltaban los antiguos filósofos griegos- el arte de saber escuchar con el máximo mimo y atención parece haber caído en saco roto. Cierto es que -ya desde la misma época infantil- no se insiste suficientemente en que una comunicación sana requiere de modo imprescindible que el interlocutor pueda hablar a sus anchas, y que hay que dejar de lado todos nuestros propios prejuicios, ideas, imaginación y supuestos, para poder comprender el mensaje trasmitido completamente. Y es que estos errores o malos entendidos «infantiles», no deteniéndose a escuchar la totalidad del mensaje y centrándose ¡ojo¡ en lo que se va a responder en lugar de intentar comprender en profundidad lo que se dice, cuando se presentan posteriormente siendo ya maduros o adultos traen siempre mayores inconvenientes y/o complicaciones tanto en la comunicación propiamente dicha ¡ay¡ como -incluso- en el entendimiento. ¡Escuchemos!

Miguel Sánchez Trasobares. Málaga