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Opinión | Málaga solidaria

Jonathan Gil

El futuro de Haití

Una imagen de Haití, tras el terremoto del pasado 2021.

Una imagen de Haití, tras el terremoto del pasado 2021.

Visité Haití en 2010, pocos meses después del terremoto. Afortunadamente ya no había cuerpos por las calles, pero la situación continuaba siendo devastadora: escombros, falta de agua, hambre, enfermedades, campos de refugiados/as... Pruebas irrefutables de la gran catástrofe humana en la que estaba inmersa el país.

Doce años después, mientras escribo estas líneas en Dajabón (municipio dominicano fronterizo con Ouanaminthe, Haití) es obvio que la situación no ha mejorado. Las necesidades y problemas son palpables.

Son muchas las calamidades a las que el pueblo haitiano ha tenido que hacer frente desde el terremoto. Cuando Haití comenzaba a recibir parte de la ayuda comprometida, empezó el brote de cólera. Nunca se sabrá su impacto real tanto en el número de vidas, como en lo social, en lo económico, etc. Por ejemplo, la relación de la sociedad haitiana con la ONU quedó muy dañada ya que en el «imaginario colectivo» haitiano quedó marcado que fueron los cascos azules nepalíes los culpables de introducir la enfermedad. Años después la misión de la Minustah finalizó, lejos de los objetivos que se marcaron. Posteriormente, en 2016, el Huracán Matthew provocó más de un millar de fallecidas/os y la pérdida de numerosas infraestructuras básicas. En la segunda mitad de 2021, fue asesinado su presidente Jovenel Moïse. Un magnicidio. Un paso más en la inestabilidad política de Haití que, por otro lado, siempre ha estado alimentada por golpes de estado, acusaciones de fraudes electorales, violencia, retrasos injustificables de comicios electorales, etc. Pocos días después del asesinato se produjo otro terremoto (el cual casi no tuvo reflejo en la prensa europea) con más de 2.000 fallecidas/os.

A todo ello se suma el hecho de que las bandas armadas han tomado el control de amplias zonas del país. Con solo comprobar el contenido que sale en el buscador de internet ‘banda armada Haití’, uno se echa las manos a la cabeza. En 2021, se notificaron casi un millar de secuestros.

Hace menos de una semana una docena de personas (ocho ciudadanos turcos) han sido secuestrados mientras viajaban en autobús desde República Dominicana. Mientras escribo estas líneas se negocia con dicha banda una ‘solución’. Incluso el envío de una simple transferencia a Haití desde Europa es una odisea, ya que se considera como un lugar con un alto potencial de blanqueo de capitales.

Volviendo a mi reflexión inicial, la situación actual en Haití es desalentadora. No voy a caer en la típica superioridad etnocentrista de decir cuál es la solución. No la sé. Pero hay algo que deberíamos tener claro: el futuro de Haití debe ser liderado por el propio pueblo haitiano. Palabras que son fáciles de escribir, pero al parecer muy difíciles de implementar.

No obstante, pese a las pocas certezas que emanan de estas líneas, sí hay una cuestión que me gustaría que quedara clara: la ayuda humanitaria ha salvado vidas y ha mejorado la situación de miles de haitianos y haitianas.

En este terreno, debemos destacar el papel de la cooperación andaluza (por medio de la Agencia Andaluza de Cooperación Internacional para el Desarrollo) y la malagueña (por medio del Área de Participación Ciudadana, Migración, Acción Exterior, Cooperación al Desarrollo, Transparencia y Buen Gobierno del Ayuntamiento de Málaga). Ambas instituciones, con sus limitaciones, siempre han estado presentes en Haití (principalmente a través de la entidad en la que colaboro, Prodiversa -Progreso y Diversidad) aliviando el sufrimiento de la población. Nos encontramos pues ante un escenario global donde nuestros esfuerzos como ciudadanía andaluza por mantener la cooperación internacional para el desarrollo debe enorgullecernos y lanzarnos a las calles para reivindicarla cuando ésta se vea amenaza.

*Coordinador del área de Cooperación Internacional y Ayuda Humanitaria de Prodiversa – Progreso y Diversidad

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