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La Opinión de Málaga

Luis M. Alonso

Sol y sombra

Luis M. Alonso

País Chanel

Chanel queda tercera en Eurovisión tras recibir 459 votos. EFE

La caspa prolifera. Iluso, llegué a pensar hace unos años que la sociedad había evolucionado alejándose conveniente y estéticamente de Eurovisión, un espectáculo ínfimo desde el punto de vista musical, tan casposo como deplorable. Pero hemos vuelto a las andadas y chaneleamos, una forma de decirlo, arrastrando esas pasiones propias de los bajos instintos que nos llevan a aplaudir un par de nalgas y dar vivas a España. Lo hacemos, además, en tropel, sin matizaciones, a derecha y a izquierda. Esta sintonía eurovisiva es la prueba palmaria de que un país interesado en este tipo de batallas tiene pocas posibilidades de sobrevivir cultural y cívicamente. Como sucede en el primer plano de las creencias más básicas, solamente nos sentimos españoles con la selección nacional de fútbol y enfervorizados por los glúteos de una cubana. En cambio somos apátridas frente a las amenazas continuas que sufre la lengua común y el desafío independentista, por poner los dos ejemplos más a mano. Es la insólita y deprimente España plurinacional que de repente se viste con la camiseta de La Roja. Apetece bajarse del tren en marcha para no ser víctima de la estupidez colectiva.

Todo este revuelo de idiocia y mal gusto tiene su olla a presión, como es natural, en las redes sociales que han secuestrado a la opinión pública. Y, también, por ese mismo motivo mediático, a los políticos, que son el reflejo de la sociedad descerebrada y de sus altavoces, cuando se movilizan para declararse partidarios de Chanel y mostrar sus preferencias eurovisivas, como si no tuvieran otras cosas más importantes de las que ocuparse. Es el resultado de la agitación constante de la estupidez y de la banalidad más espantosas; las redes sociales existen porque hay gente incapaz de estarse quieta cuando no tiene nada que decir. Por afán narcisista y de presencia quieren estar en el primer plano o en el candelabro, como decía hace años aquella pobre grulla precursora de tanta vulgaridad.

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