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La Opinión de Málaga

José María de Loma

Destronado pero con sobremesa

Al hombre lo querían largar a Abu Dabi en un vuelo a las cuatro de la tarde. Resistió. Un rey necesita sobremesa. Y siesta

El Rey emérito Juan Carlos llega a Ia clausura de la 3ª Regata del IV Circuito Copa de España 2022 de la clase 6 Metros a 22 de mayo de 2022, en Sanxenxo, Pontevedra Álvaro Ballesteros - Europa Press

Al emérito le tenían previsto el avión de vuelta a Abu Dabi a las cuatro de la tarde. Y ahí estaba la clave. La hora es el mensaje. Las cuatro de la tarde. O sea, de sobremesa, nada. Aquí se almuerza pronto, a lo anglo, se toma uno un cortadito rápido y para el aeropuerto a las dos para ir con tiempecito. 

Ayer a las dos de la tarde caía un solazo sobre Madrid que era capaz de acabar con cualquier régimen. Monárquico, republicano e incluso régimen para ponerse a dieta y poder evolucionar con decoro en la playa o en la piscina comunitaria. Un calor como para hartarse de gazpacho o porra, con su pan migao y su buen aceite, no muy dietético pero sí nutritivo y refrescante. No sabemos qué le dieron al emérito de almorzar, no parece un hombre muy de espárragos plancha, pero sí es verdad que tal vez venía harto de marisco de Galicia. A lo mejor algún edecán de La Zarzuela recordaba los gustos eméritos, lo cual tiene mérito, y dio orden de preparar algo del gusto de Juan Carlos. El Gobierno se mostró «muy incómodo» con esta visita, ni que hubieran tenido que alojarlo en Moncloa, donde a lo mejor de tantos asesores cómo tienen en nómina ya no hay cama para tanta gente, cosa que predijo en su día Celia Cruz. 

El emérito alberga una disonancia entre lo que él cree que pasa y lo que ocurre ciertamente. No opina que deba explicarse ni que merezca tanta atención mediática. Aquí hemos montado un circo y más que los enanos nos han crecido las preguntas. Los reyes siempre quieren ser amados o temidos, ahí está la disyuntiva maquiavélica, pero Juan Carlos seguramente quisiera ser indiferente. Ir y venir inadvertido. O mejor, desapercibido, que no sabemos si es cuando no te aperciben o cuando no te perciben. 

El emérito iba a volver a Abu Dabi con el almuerzo en la garganta, sin sobremesa ni licorcito ni quédate un ratito más. Pero resistió. Exigió sobremesa, charla o siesta. O tal vez había mucho que discutir. Sobre todo con el hijo, que no es el pródigo esta vez. Prolongó su estancia horas y llegaría a Abu Dabi de madrugada. Recenaría a solas o vaya usted a saber. No sabemos qué menú, pero a poco que sea decente se comerá la cabeza. Y se preguntará cómo ha llegado hasta esto. En avión.

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