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La Opinión de Málaga

Enrique Benítez

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Enrique Benítez

Economista

Lo digital es político

L.O.

La política anglosajona ha mirado siempre a los clásicos, a Grecia y Roma. Las célebres fraternidades universitarias, cuyos nombres están basados en las letras del alfabeto griego, beben de esas fuentes, como ha estudiado con rigor Clelia Martínez Maza, catedrática de la Universidad de Málaga. Basándose en esta tradición, que los padres fundadores estadounidenses ampliaron a la República de Roma, Jamie Susskind ha publicado en Noema, la web del Berggruen Institute, una sólida reflexión sobre la acumulación de poder en manos de unos pocos propietarios de Big Tech, y su difícil conciliación con el espíritu de la democracia que inspiró el nacimiento de los Estados Unidos.

Sostiene Susskind que la hostilidad hacia la acumulación de poder, y hacia el poder arbitrario, ha sido un precepto permanente de la política americana. Y también que, desde el surgimiento de los grandes monopolios a finales del siglo XIX, esa hostilidad no sólo se dirige hacia el poder del Estado, sino también hacia los poderes corporativos y empresariales. No se recuerda ya que la Ley Sherman, aún vigente hoy, utilizada en materia antimonopolio, es de 1890. O que Louis Brandeis, padre del moderno concepto de transparencia, ejerció en el primer tercio del siglo XX.

Recuerda Susskind que el acceso a bienes básicos como la vivienda, el crédito o el empleo, depende cada vez más de algoritmos opacos. Y enfatiza que el modelo actual se sostiene sobre preceptos ambiguos. Así, se promueve la elección de los consumidores, cuando esa capacidad de elección no es tan evidente. Se estimula la crítica al poder regulador del Estado, pero no al poder sibilino de las corporaciones. Se aplaude la responsabilidad individual, aun cuando debilite y orille el bienestar colectivo. Contradicciones tan obvias que deberían saltar a la vista.

La cuestión, entonces, es que el terreno de juego en el que opera el mundo digital no es tan sólo económico, puesto que se están redefiniendo las normas de convivencia, y con ellas las reglas básicas del foro democrático. La Roma republicana alertaba sobre el poder del Imperium, en manos del Estado, pero también sobre el poder del Dominium, en manos de individuos y corporaciones.

Los movimientos emancipatorios feministas de los años 70 nos enseñaron que lo personal es político. Hoy debemos saber que lo digital es político. Cuando se acumula poder, es necesario hablar de legitimidad. Sin conocer el pasado, el futuro puede ser aún más oscuro. Y autoritario.

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