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La Opinión de Málaga

Gonzalo León

La vida moderna Merma

Gonzalo León

Forasteros de la rocina

«La unión importante no es la de una minoría. La necesaria es la de la gran masa andaluza que conoce, comprende y camina con el mismo fervor y tiene en su mano proteger la romería de la perversión, globalización y banalización que amenazan con distorsionarla»

Hace pocos meses, al concluir la Semana Santa y comenzar las Ferias potentes de Andalucía, reflexionaba al respecto del impacto relevante que están teniendo las redes sociales en el devenir de este tipo de celebraciones.

Desde que comenzó la pandemia el mundo desarrollado depende mucho más de las redes sociales. Nos hemos auto condenado durante el confinamiento a ellas como medio fiable de entretenimiento, comunicación e información.

Este hecho se ha visto demostrado en las grandes actividades celebradas en nuestra tierra en los últimos meses. La Semana Santa, especialmente la de Málaga, padecía en sus propias carnes un aluvión de críticas en base a un vídeo viralizado donde un señor ponía en cuestión asuntos sin sentido, pero de fácil mercadeo en redes sociales por su mensaje simplista y demagógico. Y triunfó.

Hemos visto la Feria de abril repleta de gente que distorsionaba una realidad aplicando modismos e historias raras vistas en redes sociales. Igualmente se palpa un ambiente viscoso e irreal que busca única y exclusivamente la pompa, el boato y el impacto en los medios sociales sin llegar a oler de cerca la esencia real de la fiesta.

Ahora, con la celebración de la Romería del Rocío y las dos salidas previas que la Virgen ha celebrado en la Villa de Almonte, hemos apreciado también algo similar.

Nuevas generaciones que ya viven con un teléfono móvil pegado a la mano y que, por desgracia, no tienen del todo claro lo que ven pues, en su mayoría, lo hacen a través de una pantalla y no percibiendo la verdadera y notoria realidad.

La comunicación manda y en ese sentido la Hermandad Matriz de Almonte ha sabido de manera inteligente canalizar y crear nuevas vías para acercar una realidad andaluza a todo el mundo a través de los medios actuales. Era impensable hace poco tiempo poder controlar por redes sociales los movimientos durante la procesión de la Virgen para saber en qué punto se encuentra.

Habrá quien vea en ello un ataque a lo clásico. A la tradición y la magia sustancial de no saber dónde estaba la Virgen en cada momento salvo cuando algún amigo se acercaba a casa para decir dónde la dejó y tú poder echar cuentas del lugar en el que se encontrará. La vida es otra. Y la globalización, como apisonadora que es, también se dirige de manera decidida hacia la aldea, la tradición y la forma de vivir una romería que para muchos forma parte de nuestra vida

No hay que preocuparse por ello. El ritmo siempre será más lento. La cobertura seguirá siendo mala y las casas tendrán una tele desenchufada y con el mando escondido todo el tiempo. Ése que parece detenerse cuando llega Pentecostés.

Pero hay algo preocupante que se ha -he- detectado en este regreso a la normalidad que hemos vivido en torno a la Virgen del Rocío y se trata de un mensaje cerril, peligroso e injusto en torno a un concepto que roza lo ridículo: el de los forasteros.

Ha sido siempre habitual escuchar entre los naturales de Almonte dirigirse a los de fuera como forasteros. Un concepto algo alejado del mundo actual pues, cada vez más, la mezcolanza es tal que difícilmente puedas diferenciarte con un señor de Orense o Berlín salvo en el habla. Pero allí parece que todavía no ha llegado ese momento. Desconozco el origen del asunto y si tiene alguna justificación honrosa, pero resulta descontextualizado e irreal hablar de forasteros en una localidad como esa. Quizá, oído por parte de generaciones muy pretéritas pueda llegar a comprenderse.

Pero oír a jóvenes que conviven a diario con personas de todas partes del mundo que acuden a esa zona a trabajar hablar de forasteros desde su Tiktok, Instagram o Twitter resulta tan extraño como ridículo.

El mensaje es claro para algunos: La Virgen del Rocío, la romería y todo lo que gira en torno a ello es exclusivo de los almonteños. Ellos son los centinelas de la esencia rociera y lo de fuera se acepta, pero dejando claro que son forasteros. Curioso. Pero la cosa torna a preocupante cuando, los diversos problemas que puedan surgir en algo tan inmenso como el Rocío, también acaban traduciéndose en algo provocado por los forasteros.

Y lo grave de todo este asunto no es pretender llevar razón en algo que el propio sentido común desmonta en segundos sino en que hay nuevas generaciones jóvenes asumiendo y bebiendo de algo que es del todo irreal.

El Rocío como concepto es algo que dejó de ser exclusivo y propio de las gentes de un territorio determinado hace siglos. El Rocío es de Andalucía. Y si me apuras lo es de las provincias de Sevilla, Cádiz y Huelva de manera más intensa. No es pues de recibo hablar de gente ajena en entornos donde todo se ha gestado alrededor de esos territorios.

¿Son forasteros los rocieros de Pilas, Villamanrique, La Palma del Condado y Moguer? ¿Son forasteros los que acuden de romería desde Sanlúcar de Barrameda? Habiendo como hay un legado histórico en el Fondo de la Casa de Medina Sidonia, resulta histriónico que se defiendan posturas tan alejadas de la realidad. ¿Es forastero un señor de Jaén que desde niño haya vivido El Rocío, la Virgen y la Romería desde el mayor de los respetos y conozca a la perfección el desarrollo de aquello? Ya adelanto yo que no.

Por eso habría que reflexionar algo mejor al respecto del problema y los miedos que salen a la luz. El enemigo no está en el rociero de Almería o Triana. El problema reside en que la Romería se enfrenta a una nueva era que, como en otros ámbitos, acaba robando la identidad y la esencia de las cosas. Y ahí entra en juego la inteligencia a favor y la chulería muy en contra.

Si el camino a seguir pasa por pegar gritos y pretender expulsar a «los de fuera» el problema será cada vez mayor. A golpes no se arreglan las cosas. Aunque quede muy puro en la tele. Pero la vida va por otro lado. Y si los números que siempre se publican son verdaderos, en romería, en la aldea del Rocío se aglomeran un 98 por ciento de forasteros frente a un 2 por ciento de almonteños.

Que Muñoz y Pabón nació en Hinojos y vivía en Sevilla. Mismo sitio en el que nació la hermandad de Triana y la forma de peregrinar contemporánea. Cuidado. Que nos jugamos todos mucho. Y la Virgen es de todos. Y la pelota, un siglo después del artículo en El Correo de Andalucía, está en vuestro tejado. Almonteños. Que El Litri, que en paz descanse, no era panzurrino. Y Lombo y su cetro tampoco. Ni Alfonso X El Sabio.

El problema es otro. Y es el momento de darse cuenta. Que la unión importante no es la de una minoría. La necesaria es la de la gran masa andaluza que conoce, comprende y camina con el mismo fervor y tiene en su mano proteger la romería de la perversión, globalización y banalización que amenazan con distorsionarla.

Quien piense que hace algo porque quiere, debería a empezar a reflexionar sobre la posibilidad de que realmente lo haga debido a que el resto se lo permitimos.

Viva la Virgen del Rocío.

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