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La Opinión de Málaga

Juan Cruz

Golpe franco

Juan Cruz

Periodista y escritor

El arte del fútbol

Johan Cruyff

Desconfío de los que alardean de ignorar el fútbol o descreer de la política. Defiendo la política porque, como millones de españoles, viví en una dictadura, la expresión más ominosa de la esclavitud humana disfrazada de orden público. Y me indigna el desprecio del fútbol porque gracias a él he disfrutado de momentos memorables que me mantienen como periodista y como barcelonista. Alguien que haya amado a Kubala y a Cruyff, por ejemplo, o a Di Stéfano y a Puskas, o a cualquiera que venga a la memoria de cualquier equipo o de cualquier época, puede entender que se pueda sentir que el fútbol es una de las bellas artes.

La primera vez que escuché que el fútbol es un arte, como la música, fue siendo un adolescente que ya escribía sobre este deporte. Un adulto de los que venían a ver jugar a los juveniles supo que yo era, más o menos, un poeta, y por tanto que iba para artista, y que además escribía de fútbol en diarios locales. Para animar mi futuro me explicó lo que hacía Antonio Valencia en sus escritos. A aquel periodista deportivo lo llamaban don Antonio Valencia, igual que trataban de don a Pedro Escartín, otra leyenda, que llegó a ser seleccionador nacional de fútbol y era cronista muy seguido de Radio España, emisora que yo escuchaba en mi radio, por donde escuchaba también a inolvidables del sonido azulgrana: José Félix Pons o Miguel Ángel Valdivieso.

Un equipo es una orquesta

Así pues, aquel adulto generoso puso su mano sobre mi hombro y pasó a decirme por qué el fútbol era un arte según don Antonio Valencia. Un equipo es una orquesta que ensaya sus vientos musicales desde que se saca de centro; la media son los trombones que anuncian el ataque, éste se revuelve con las exigencias de las melodías, con ritmo y sin pausa, y la defensa está para ayudar a la respiración del conjunto, dando seguridad. En esa última instancia el portero es, como es natural, el capitán, es decir, el director de la orquesta.

Jamás me he olvidado de esa fantástica recreación de la alineación ideal de un equipo en el campo, y por tanto tampoco de lo que don Antonio significó para mí al objeto de convencerme de que no estaba eligiendo cualquier oficio dedicándome al fútbol, sino a una tarea que ya había sido santificada por un genio de la sintaxis aplicada al fútbol.

Este fin de semana último, Feria del Libro de Madrid junto a varios adictos al fútbol (Martí Perarnau, autor de libros memorables sobre la historia de este deporte; Patricia Calzón, periodista de As; yo mismo), animados por Xabier Fortes, director del 24 horas nocturno de Televisión Española. Con nosotros estaba un periodista que se merece el don de Antonio Valencia, don Alfredo Relaño, que fue director del diario As y que lleva una cruzada incruenta a favor del fútbol como un arte que no merece el descrédito al que a veces lo inducen sus practicantes o directivos, así como los periodistas que olvidan que escribir de fútbol requiere también escribir bien de cualquier otra cosa.

Defensa del estilo

Para Relaño la sintaxis que merece el fútbol es una exigencia no sólo del periodismo sino de la literatura que acompaña este deporte (y otros) de las diferentes modalidades de la historia del deporte. Esa defensa que del estilo de escribir como si fuera también la defensa de un comportamiento ayuda a entender que el fútbol no es tan solo un sistema de ataque y contraataque sino una obligación estética que también han de practicar quienes nos ocupamos de él.

Relaño ha reeditado ahora sus 366 historias del fútbol mundial (Espasa), un compendio que da ejemplo de la base de su defensa estética de las bondades que adornan su principal pasión en la vida (¡antes que el periodismo, o acaso por el periodismo!). Ese libro fue presentado ante nosotros en el acto de la feria, junto con el que acaba de publicar Fortes (Crónicas cancheras, Ézaro Ediciones), y el que Perarnau tiene por las ferias, La evolución táctica del fútbol (Corner), unas setecientas páginas de fútbol.

Hace años, encontrar estanterías con fútbol era tarea de ilusos que acaso solo encontraban las memorables crónicas de Manolo Vázquez Montalbán o aquellas Las suelas de mis zapatos, debidas al impar Gonzalo Suárez. Ahora la ilusión del fútbol merece enciclopedias, poemas, historia, y detrás hay, como don Antonio Valencia o como don Alfredo Relaño o don Jorge Valdano, o don Santiago Segurola, o don Emilio Pérez de Rozas, o don Ramon Besa y tantos otros, artistas capaces de regalarnos metáforas que explican que el fútbol es mucho más que una competición en la que siempre ganan (¿o ya no?) los alemanes.

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