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La Opinión de Málaga

Joaquín	Rábago

360 grados

Joaquín Rábago

Un fracaso de proporciones hemisféricas

La ausencia de los presidentes de México y otros países en la Cumbre de las Américas representa para los EEUU de Joe Biden un fracaso de proporciones hemisféricas y una clara señal del declive de la hegemonía norteamericana en la región.

Demostrando una mayor independencia hacia Washington que los aliados europeos en la OTAN, el presidente de México, Manuel López Obrador, sus colegas de Bolivia, Honduras, Guatemala y El Salvador, optaron por boicotear la cumbre en protesta por la exclusión de Venezuela, Nicaragua y Cuba.

Y si ha aceptado finalmente asistir el nuevo presidente chileno, el izquierdista Gabriel Boric, es, como este mismo adelantó a la prensa, para protestar allí por tan injustificadas exclusiones.

Al mismo tiempo, la particular idea que tiene Biden de la democracia lo demuestra el hecho de que invitase a la cumbre al ultraderechista presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, pese a que el número de indígenas asesinados en ese país ha aumentando exponencialmente en los últimos años.

Y si Bolsonaro aceptó participar, fue con la condición de que no se criticasen sus políticas de deforestación del Amazonas, que no pueden sino acelerar el temido cambio climático en todo el planeta.

Bolsonaro incluso se permitió criticar también a Biden por excluir a Cuba y los otros dos países mientras no parece tener ningún problema en reunirse con el príncipe heredero saudí, considerado responsable del asesinato del periodista Jamal Khashoggi.

Resulta, por otro lado, significativo que no sean sólo gobiernos izquierdistas quienes boicotean esta vez la cumbre, sino también otros de ideología derechista como los de El Salvador, Guatemala y Colombia, que pretenden así marcar su independencia, real o ficticia, de Washington.

Por cierto que el presidente saliente de este último país, Iván Duque, no puede rehuir la responsabilidad de su Gobierno en una situación interna en la que no han dejado de ser asesinados líderes de movimientos sociales o sindicales, indígenas y críticos del Gobierno.

También invitó Biden a la reunión de Los Ángeles al presidente haitiano, Ariel Henry, pese a la supuesta vinculación de este último con un sospechoso del asesinato de su predecesor, Jouvenel Moïse.

Los países que han decidido boicotear la cumbre acusan al demócrata Biden de continuar en su relación con Latinoamérica las políticas discriminatorias de su predecesor en la Casa Blanca, Donald Trump, y hacerlo además sobre todo por razones de política interna.

Ni cabe olvidar el hecho de que si Biden ha optado últimamente por una cierta apertura hacia la Venezuela de Nicolás Maduro, pese a seguir reconociendo al desacreditado Juan Guaidó como presidente interino, ello tiene sólo que ver con las necesidades petroleras de Occidente, derivadas del boicot a Rusia por su invasión de Ucrania.

Muchos centroamericanos denuncian, por otro lado, el hecho de que EEUU haya ofrecido 50.000 millones de dólares de ayuda militar y humanitaria a ese país europeo y sólo 4.000 millones a Centroamérica, que tiene gravísimos problemas y una población casi equivalente. Además, se quejan, esa ayuda a los países del istmo centroamericano sobre todo destinada a los militares y las policías y al refuerzo de las fronteras en lugar de a mejorar las condiciones de vida de quienes huyen de allí desesperados en dirección a EEUU.

Como también critican que mientras se recibe en Occidente con los brazos abiertos a las víctimas de la guerra de Ucrania, se haya «enjaulado» en la frontera sur de EEUU a muchos niños centroamericanos y se los haya separado cruelmente de sus padres. Hay todavía clases.

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