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La Opinión de Málaga

Punto Final

Jamaica bajo cero

Jamaica y la República Dominicana, bajo alerta por la llegada de la tormenta Elsa

No es un juego de palabras, ni el intento de reírme de la canícula que nos aplasta estos últimos días y todavía alguno más. Es el título de una película de 1993, en la que unos jamaicanos, que jamás habían visto la nieve, se preparan para los Juegos Olímpicos de Calgary, en 1988.

Es un hecho real, que proviene de unas vacaciones en la isla de un par de americanos, sorprendidos por las carreras, calle abajo, de unos chicos con carretas de mercadillo, a una velocidad de órdago. Quisieron hacer la locura, y lo consiguieron, que cuatro jamaicanos participaran en bobsleigh en dichos Juegos.

Eso me vino de vuelta a la cabeza, cuando leí una noticia, que es totalmente el revés de ese éxito de poder competir en los Juegos de invierno, sin saber lo que era el bobsleigh y sin haber pisado la nieve.

Aquí, al contrario, el bajo cero se lo merece el secretario general de la federación jamaicana de fútbol, que se «olvidó» de algo como tener billetes de avión para su equipo nacional.

Así, en el partido de vuelta de la Copa de la Concacaf, contra Surinam, los jugadores jamaicanos no tenían vuelo de retorno a su isla y tuvo que ser el presidente de la liga del país el que, con dinero propio y mediante el pago de 105.000 dólares, fletara un avión privado para los futbolistas.

Éstos pidieron la cabeza del secretario general, Dalton Wint, que se había «olvidado» de que había que volar para volver a Kingston… En fin, que toda la fuerza de voluntad de los deportistas del bobsleigh sin nieve, y mi devoción por los mismos, se ha visto rebajada, en cuanto a Jamaica, por la dejación de un señor que, perdónenme, no tiene mucho más que hacer que cuidar de sus jugadores.

Eso me lleva a incidir en un punto, que es la profesionalidad en el deporte y, si bien los olímpicos del bobsleigh fueron y son héroes, porque lanzarse por las montañas de Jamaica o por las calles empinadas de Kingston, para lograr clasificarse, sí, lo hicieron, en los Juegos de Calgary, lo otro, el olvidadizo Sr. Wint, no puede sino suspenderle y dejarlo bajo cero, pero como persona inútil para el servicio al deporte.

Cada vez hay más másteres en gestión del deporte, de los que me enorgullezco de ser profesor (en la Universitat Politécnica de Valencia, por ejemplo) y aunque parezca que pululan en exceso, no es así, ya que se necesitan jóvenes que puedan suplir a los Wint de turno (que, por cierto, llevaba cinco años en su cargo, por lo que no es un error de novato…).

El deporte, si me quiero poner profundo, no es un juguete ni un pasatiempo, como pudo ser antes, sino que se expone la vida de deportistas, profesionales o aficionados, sus necesidades y sus sueños. El que todo eso esté en manos de quienes lo toman como algo en el que cualquiera, sin ser experto, puede llevar a cabo la labor, no es lo más lógico y los que se capacitan son los que deben ocupar esos puestos.

Ha habido, hay y habrá, sin duda, muchos Mr. Wint, pero conforme el deporte se va cada vez más profesionalizando, tenderán a desaparecer, y será un bien para aquél. Dejemos que dimitan, se vayan y que aparezcan quienes, de verdad, viven el deporte con pasión y se cuidarán mucho de no cometer errores.

En fin, alabemos a aquellos jamaicanos de Calgary que, sin conocer la nieve, fueron a unos Juegos de invierno y dejemos que los Wint se vayan derritiendo (y perdonen el chiste…).

Mientras se derrite o no, recomiendo unos cuentos de fútbol, que me gusta releer, de Eduardo Sacheri, ‘La vida que pensamos’. Alégrense con ellos y cuidado con la solana… Y síganme, si quieren, en Instagram: @ruizhuertacrespo.

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