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La Opinión de Málaga

José María de Loma

La contracrónica

Jose María de Loma

Los tranquilos también braman

Se cierran los colegios electorales y llega la hora estelar de politólogos, tertulianos y políticos que hacen balance o propaganda o propagan eso de que no han perdido. Pero mientras, cuando los colegios cierran, queda el trabajo de contar y recontar y verificar. Salas (EFE)

En su comparecencia, a las once y veinte de la noche, se subió al atril y volvió a trufar su discurso de las palabras humildad y tranquilidad. Solo se alteró un poco cuando proclamó, a las 23.21, «hemos hecho historia». Menos mal que un minuto después dijo que esta noche «había que disfrutarla». Yo espero que se desmelenara un poco, que se desmoderara, que bailara un algo, se le da bien. El de anoche es el gran hito de su biografía, el momentazo, la victoria, la caña, la leche, la absoluta, el despendole. Y encima ha parado a Vox, lo ha mandado a la oposición, ha desbaratado las fanfarronerías de Olona, que venderá el traje de faralaes y se desempadronará. Aunque es su carácter. Bonilla ha ganado. Hay quienes por menos de la décima parte de este triunfo han estado tres noches consecutivas cantando ABBA en un karaoke. «Me siento muy orgulloso de ser andaluz», bramaba, sí, bramaba, a las 23.25, con una exaltación como de hombre que acaba de cumplir un gran sueño o le han quitado al fin la otitis. Los tranquilos también braman. Pero para hacerlo han de ganar unas elecciones por mayoría absoluta.

No serían pocos los que lo incitaran ayer a un chupito, una copa, un cóctel, unas risas, un colegueo, historias de la mili, la última, que eres mi hermano, guanma, vamos a otro lado y que aún es temprano y yo es que lo sabía y eres el mejor. Otra ronda. Pero seguramente él se resistiría. No vamos a exagerar diciendo que le puede el sentido de Estado. No hombre, pero el sentido de región tal vez sí. Querría estar fresco para ir pensando ya en su Gobierno, que pensado lo tendrá. Estar fresco para ir a Madrid a recibir los parabienes. En Madrid siempre hay gente que piensa que los andaluces votamos mal. Antes esto era un voto analfabeto y cautivo por socialista, luego fue un voto malo, voto a Vox, los ultras por primera vez en España en un parlamento gracias a los andaluces. Mal. Todo mal. Ahora mal porque se entrega el poder absoluto al PP. Andalucía siempre mal, piensan, y lo malo es que lo dicen supremacistas, majaras, analistas del culo, tontolahabas y nacionalistas de diverso cuño. ¡Cuño, qué pesadez de nacionalistas!

Pero si Moreno debería quemar la noche, tal vez Olona debería quemar a sus asesores y bañarse en la laguna de la humildad. Ahora Olona afirma que hará oposición. La de abogada del Estado va a hacer. Otra vez.

Espadas también ha querido ser afable y transversal, tranquilo y moderado. También se llama Juan. Pero ha llegado tarde al trono de la hipotensión. Ha llegado pronto al PSOE. El chiste fácil que hacíamos anoche era que Susana Díaz estaría brindando y tal vez esperando su oportunidad. Si queda sensatez en el PSOE se le dará tiempo a Espadas, las cosas en política, los proyectos, en memorable frase de un expresidente de la Diputación de Málaga, «no son un huevo que se echa a freír». Pero sobre todo hará bien el PSOE, que haga lo que le dé la gana, tanto da, lo que pasa es que de algo hay que escribir, en no sacar de nuevo los cuchillos que tienen afilados los susanistas, o la vieja guardia, o los que no querían a Espadas o cómo se llame el cuento. Al que no va a llamar nadie para bailar (quizá sí para trabajar) va a ser a Juan Marín, ya para siempre el de las torrijas. Reivindicó hasta la extenuación la labor del Gobierno conjunto con el PP y casi da con el tono eficaz de la campaña. Lástima. ¿lástima? Marín es el coletazo semifinal de Ciudadanos a falta de las generales. Las izquierdas no bailan porque se les ha quedado muy grande la pista. Divididas pero representadas. No se arredrarán. Pisarán al bailarín. O al pinchadiscos.

Juan Marín atiende a los medios tras votar en Sanlúcar este domingo. Román Ríos

Plegarias no atendidas

Imploró al cielo por si caía un escaño pero pese a que viró a una campaña eficaz, simpática y reivindicativa del Gobierno de estos cuatro años, no tuvo suerte. Si es que a un resultado electoral se le puede meter ese término. No habrá representación para Ciudadanos, lo que pinta un incierto futuro para el partido.

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