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Jordi Cánovas

MÁLAGA DE UN VISTAZO

Jordi Cánovas

Mentiras y autoengaños

Imagen panorámica del Puerto de Málaga hasta el muelle de San Andrés.

Demasiadas mentiras, grandes, pequeñas, por todas partes, mentiras descaradas, disimuladas, inocentes y crueles, mentiras intencionadas, sin dirección, dirigidas a unos pocos y a millones, mentiras increíbles, irrefutables, hirientes, despiadadas y piadosas. Demasiadas mentiras, todos los días, a todas horas, en boca de políticos, representantes de entidades o clubes, en boca de famosos y famosillos, que mienten para obtener dinero o credibilidad, para ganar fama o desprestigiar, que mienten para protegerse de otras mentiras que los atacan, o para tapar verdades que se los tragan. Nos mienten incluso desde las trincheras de la verdad, mienten las rotativas y los que hacen que giren, mienten quienes prometieron perseguir la verdad e ir narrando cada pedazo de realidad que le arrancaran, pero o corre demasiada una o no corren ya nada otros, el caso que nos mienten por la espalda y en nuestras narices, con o sin consentimiento, pero siempre a traición.

La mentira está demasiado a mano, muy fácil recurrir a ella, no pide esfuerzo ni contrastación, y se adapta a lo que necesites contar, a la opinión que quieras vender, a la idea que pretendas presentar, dúctil y dócil el engaño, lo falso, toma la forma de la intención del embustero y hace las veces de telonero en cualquier concierto de intereses, cuando no es también el único artista; la mentira puede dar todo el espectáculo necesario y captar la atención de un público predispuesto a ser engañado. Porque la verdad es que, si triunfa la mentira, no es tanto por el que la usa como lo útil que es.

Lo peor de las mentiras es todos los que se las creen, los que prefieren oírlas, que se las digan y arroparse con ellas en el sueño de que todo es como imaginan, de que todo sigue el patrón de su acomodado entendimiento. Mentiras al por mayor y al detalle, trajes a medida, harapos de realidad.

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