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Matías Vallés

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A mí me cae bien Djokovic

Djokovic celebra un punto

La primera regla digital es apúntate al rebaño. Sin embargo, a mí me cae bien Djokovic. Enfatizo, es el único tenista al que le soporto un partido, aparte de Rafael Nadal. Sí, Federer también me aburría. En cuanto se jubilen el serbio y el español, me liberaré de un deporte de práctica entretenida y contemplación tediosa. Tampoco negaré que el atractivo del ganador de 21 Grand Slams crece por la hostilidad que despierta, además de proceder de un país antipático. Y paradójicamente, la admiración creció cuando este asesino inmisericorde fue humanizado por el mallorquín en los cuartos de Roland Garros. Nunca pensé verlo implorante, tembloroso, amilanado.

Djokovic es encarcelado en Australia por ejercer su profesión y a continuación gana Wimbledon, ahí queda eso. Siempre me preguntaré si Nadal hubiera seguido en la competición londinense, sin la certeza de que el otro finalista hubiera sido su archienemigo, el único tenista del mundo que le ha derrotado alguna vez en todas las superficies. Ahora niegan al serbio la inscripción en el Open USA por llamarse Novac, cuando un asistente a la competición neoyorquina afronta un riesgo de balazo muy superior al de ser contagiado de covid por el tenista refractario a la inmunización. Puedes acceder a Flushing Meadows con un rifle de repetición, si adjuntas un certificado de vacunación.

Entiendo a quienes utilizan a los deportistas como guías de su existencia, el modélico Maradona inspiró en sus hábitos a millones de aficionados, pero en un mundo confinado me suscitan mayor interés los campeones que se burlan de las normativas asfixiantes, o que atesoran la ironía de dirigirse a Kyrgios con «lo nuestro es oficialmente un bromance». Además, Djokovic vive en Marbella y Nadal en Mallorca, con lo que restauran la competencia ociosa que ya exaltó el inolvidable Gil y Gil. Todo el mundo quiere a Nadal de representante en un duelo en que te juegas la vida, pero prefiero contratar al serbio de abogado. Y ya incursos en la depravación, también me cae bien Boris Johnson aunque sea un bufón. Igual que Zelenski, dicho sea de paso.

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