Lunes. Desde la terraza del hotel Larios se ve declinar la tarde y se ve también como declinan algunos en otras terrazas vecinas tras echar la tarde a tragos. El sol va dimitiendo y la celebración por el nuevo libro de un amigo, que no el libro de un nuevo amigo, propicia fraternidad, brindis y un amago de francachela inopinada. Es lunes pero menos. La comitiva y añadidos confluye, confluimos, en el Bahía, calle Duque de la Victoria, donde dan un atún con tomate y un godello que se lo saltaría un galgo pero no un cristiano agradecido.

El mítico Trovador, local casi vecino al restaurante, es ahora una coctelería casi cuqui pero honesta y de buen ambiente, con reminiscencias decorativas de ese viejo bar que fue. Ahí acabamos la noche, cansamos a la madrugada, nos encontramos con artistas y nos invitamos a chupitos de confidencias. Al día siguiente alguien me recriminará «esa manía tuya» de irte siempre sin despedirte de nadie. Y que dure.

Martes. «Hay que apoyar al pequeño comercio», me dice Rafa. Supongo que tal proclama, que a saber dónde ha oído, tiene con ver con que estemos pasando por una tienda muy cercana a casa donde tienen todo tipo de chucherías y helados, cromos y snacks. Venga, vamos a apoyarlo, le digo. Subimos a casa. Me pongo a trabajar. No sé si es muy seria la imagen que me devuelve el espejo. Un columnista con el torso desnudo y un chupa chups en la boca con dos bolitas de queso junto al teclado. Hay que ver qué mal colocado está ese espejo.

Miércoles. Toda la noche pensando en si «desayunar temprano» es un oxímoron. Desayuno temprano en Sevilla leyendo los periódicos, que vienen llenos del caso de los ERE. Lo comentamos luego Ignacio Camacho, Ángela Cañal y servidor en Mesa de Análisis, el programa de Canal Sur que presenta León Gross. Luego llega Paco Reyero y hay una postertulia off the record bien jugosa al acabar el programa. Tertulia breve, «Loma, que tu tren sale en ná». Tren. Qué delicia el libro ‘Memoria de Biarritz’, de Fernando Castillo, en editorial Confluencias. Se trata de una aproximación personal y memorialística a tan mítica ciudad. No exenta de nostalgia ni de erudición amena. Se habla de paisajes y gentes, de Picasso, de familias y apellidos ilustres, de elegantes veraneos, de las conspiraciones allí de Sanjurjo contra la República, de los cenáculos y casinos, de los refugiados anti nazis, de la fundación de ETA y la coyuntural conversión luego en santuario de terroristas; de tantas cosas. Habrá que darse una vuelta este verano por la zona, entregarse a los paseos, al art decó, a ver atardeceres y a comer y leer. Una semana en Biarritz, y adyacentes, puede ser un buen contrapunto a una semana en la Málaga de Feria. Ole.

Jueves. Txema Martín me envía una foto de la portada del libro ‘Sobre casi todo’, de Julio Camba. Es una edición de Espasa Calpe de 1934 que ha restaurado el poeta y también columnero Álvaro García para regalársela a Martín, columnista inteligente y en forma que cumple años y cumple columnas y cumple con los códigos del afecto y la amistad. Ahí estarán los dos, pasándoselo bien en el Restaurante Reding. Lamento no haber podido estar, como miembro de la cofradía de la columna, adorando al Dios Camba. Dejo el teléfono y vuelvo al trabajo. Acordándome de don Julio: «Toda civilización no es más que una lucha desesperada por no tener que trabajar».

Viernes. Las virtudes de la natación temprana: podría ser el título de una novela costumbrista o de un folleto de gimnasio. Alguien al que siempre veo con corbata me saluda con aletas. Y eso que tiene memoria de pez.