LAS PALABRAS PUEDEN CAMBIAR EL MUNDO

Estar bien informado no significa leer mucha prensa y escuchar todo tipo de noticias en radio o en televisión. Es mucho más que eso. Es saber separar el grano de la paja, y de esto último hay más de la cuenta. Quizás no seamos conscientes de lo mucho que nos puedan afectar algunos mensajes que recibimos, porque en medio de tanto ruido mediático es difícil filtrar la información para quedarnos con lo transcendente y marginar el resto. Haya tantas noticias de todo tipo, la mayor parte de ellas manipuladas para llamar la atención, que seleccionarlas no es tarea fácil, pero hay que hacerlo para estar al día de lo que sucede en la «aldea global». De esta forma podremos detectar las palabras que puedan servir para solucionar los problemas sociales más acuciantes. Son estas últimas, las palabras que nos gustaría escuchar con más frecuencia y en voz alta, porque son estas palabras las que podrían cambiar el mundo. Unas palabras que si fueran pronunciadas, sincera y desinteresadamente, por los «dueños del mundo», política y económicamente hablando, producirían efectos sociales de un valor incalculable.

Enrique Stuyck Romá. Málaga

GRANDES VIAJES

Llegados al octavo mes del calendario y atravesado ya el ecuador de la época veraniega, no deja de ser verdaderamente curioso poder comprobar cómo existe entre nosotros más de un ciudadano presuntamente «adictivo» a los grandes viajes, porque parece tener un punto obsesivo hacia ellos. Basta con conversar un poco con este tipo de «coleccionistas de destinos», para ver cómo mas de uno ha arriesgado y apostado voluntariamente casi todo cuanto tiene en la vida para poder llevarlos a cabo, haciendo de su existencia una auténtica competición en la que la meta u objetivo claro es ir -lisa y llanamente- a todas las partes de nuestro planeta. Y es que este impulso aparentemente «irrefrenable» que llevan metidos en vena, les impulsa no sólo a presumir ante los demás de sus «hazañas», sino también a describir con sumo detalle y a bombo y platillo las mil y una características de los lugares más recónditos que han visitado -¡ojo¡ vengan o no a cuento- aunque, en su interior más profundo quizá sientan un incesante sentimiento de insatisfacción y de vacío, como por ejemplo, la impresión de ser incapaces ¡ay¡ de poder encontrarse a sí mismos.

Miguel Sánchez Trasobares. Málaga

¿DÓNDE ESTÁN LOS FUTURÓLOGOS?

Quiero pediros perdón si entre las líneas de este escrito notáis alguna carcajada o quizá, por qué no, una sonrisa ladeada. La verdad es que no me gusta hacer leña del árbol caído, aunque he de confesar que esta carta tiene un sentido didáctico-jocoso a la par que irrisorio-misericordioso. ¿Se acuerdan cuando Donald Trump llegó a la presidencia de EE.UU.? A mi olfato llega hoy la fetidez de los eructos de la gente que regoldaba en mi cara sus pronósticos apocalípticos sobre la tercera Guerra Mundial. Y cuando Joe Biden conquistó el poder, estos susodichos suspiraban complacidos al ver que un partido demócrata iba a gobernar Estados Unidos, ¿y ahora qué, eh? Este señor lleva 4 días en el cargo y estamos a las puertas de la guerra del fin del mundo. Ahora me gustaría oír las flatulencias de aquella gente que hacía predicciones con Trump. Es que, verán: si a la tierra le queda poco tiempo, no quisiera irme al otro barrio sin antes hacer un viaje a Egipto ¿saben? Para serles sincero, hace tiempo me leí «No me digas que fue un sueño» de Terenci Moix, y desde entonces me hice la promesa de que en cuanto pudiera iría «pallá».

Venancio Rodríguez Sanz. Málaga