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La Opinión de Málaga

Francisco Moyano

Tribuna

Francisco Moyano

Cronista oficial de Marbella

¡Taxi!, por favor

La excelencia se alcanzará cuando conseguir un taxi en verano no resulte frecuentemente una tarea imposible

¡Taxi!, por favor

El servicio de taxis en Marbella es fundamental para mantener un transporte público de calidad y con el objetivo de lograr la excelencia. Seguramente esa situación no se alcanzará hasta que conseguir un taxi en verano no resulte frecuentemente una tarea imposible. Aunque hay referencias de la existencia de taxistas en la ciudad en las décadas de los treinta y cuarenta del siglo pasado, hay que esperar hasta el mes de febrero de 1958 para que la Corporación Municipal se decida a regularizar el servicio de taxis, de acuerdo con un estudio y posterior informe que el consistorio había encargado a la Comisión de Tráfico y Circulación.

Consideraba la comisión que no debía limitarse en aquel momento el número de licencias y que, sin que el Ayuntamiento no pudiese cambiar de criterio en un futuro, se mantuviese como única parada la existente entre la Sociedad Recreativa Casino de Marbella y el café La Jaula; por tanto, en el Paseo de la Alameda. Sugerían que fuese prolongada por la avenida de Miguel Cano. Se establecía un turno nocturno que debía organizar el grupo local sindical del taxi, de manera que se estacionaría un taxi de guardia cada noche, junto a la casilla de arbitrios que existía en la Alameda.

La importancia que se daba a este servicio de guardia nocturna se hacía notorio cuando, en el apartado de sanciones por incumplimiento, se especificaba que podría llegarse incluso a la retirada de la licencia. Estipulaba la regulación que cualquier persona, natural o jurídica, podía solicitar al ayuntamiento una licencia de taxi, siempre que contase con un vehículo adecuado desde el punto de vista de la técnica y la estética. Las licencias caducaban cada año y debían solicitar la renovación en el primer trimestre del año, debiendo pasar la consiguiente revisión, lo que se certificaba en una cartulina de diferente color para cada año. La licencia era personal e intransferible, aunque se contemplaba que se transmitiese a un nuevo vehículo cuando se tratase de renovación de material. Cada taxi debía llevar las letras SP y en los costados el escudo de Marbella con el número de orden que figuraba en la cartulina acreditativa de que se había renovado la licencia. Las competencias que ostentaba la Comisión de Tráfico y Circulación se trasladaba a la Comisión de Obra y Policía Urbana y Rural de Circulación.

Por la solicitud inicial de una licencia, había que pagar quinientas pesetas (tres euros actuales) y por la renovación anual del permiso de circulación 25 pesetas (quince céntimos). En esta regulación se especificaban claramente las tarifas que debían aplicarse. En el servicio urbano, dentro de lo que se consideraba casco urbano, delimitado por el Albergue San Francisco, el Puerto, el cementerio y Casablanca, la prestación mínima era de quince pesetas (9 céntimos). Se señalaba la excepción al campamento Vigil de Quiñones, con una tarifa de 25 pesetas. Los servicios dentro del término municipal se regulaban así: a San Pedro Alcántara, 60 pesetas; el Rodeo y El Ángel, 50 pesetas; a la barriada de Las Chapas, 60 pesetas; Hotel Artola, 75 pesetas y al Hotel Marbella Club 25 pesetas. Por cada hora de parada, se abonaban quince pesetas. Los servicios no especificados se pagaban a 3,20 pesetas el kilómetro.

El sector del taxi tenía que abonar un impuesto de consumo de lujo que representaba el cinco por ciento de los servicios que declaraba el propietario del vehículo, de forma que tenían la obligación de presentar mensualmente declaración de los prestados en ese periodo. Podían acogerse también al sistema de concierto, con una cifra mensual de veinte pesetas. Defraudar en este sentido a la hacienda local iba acompañado de graves sanciones, según lo contemplado en la Ley de Régimen Local.

Tanto el Ayuntamiento como el sector del taxi, tenían claro que la evolución que estaba experimentando la ciudad, exigía una regulación rigurosa que pusiese orden en la actividad, al tiempo que se fomentaba la profesionalidad y la prestación eficaz, de manera muy especial con los turistas que comenzaban a llegar y que lo harían masivamente en la década siguiente. Seguir la evolución del mundo de taxi facilita muchas pistas a la hora de entender la trayectoria de una ciudad, que entonces era pequeña, y con una cifra modesta de población, que conduciría a la situación actual, con un peso demográfico que la sitúa entre las principales de Andalucía.

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