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La Opinión de Málaga

Antonio Balibrea

EL MUNDO POR DENTRO

Antonio Balibrea

La crisis en África Occidental y el Sahel

Un soldado francés patrulla en el Sahel.

En el primer semestre de 2022 la situación en África occidental y el Sahel «estuvo marcada por el deterioro del entorno de seguridad en el centro del Sahel y por el riesgo cada vez mayor de que el terrorismo y el extremismo violento se propaguen a los países costeros. Partes de Burkina Faso, Mali y el Níger experimentaron un aumento de las actividades terroristas. Países vecinos del litoral especialmente Benín y el Togo también sufrieron ataques en sus zonas fronterizas del Norte. Entre tanto, Nigeria siguió siendo escenario de persistentes ataques perpetrados por grupos terroristas y bandidos». Esto es lo que refiere el informe del primer semestre, del secretario general de la ONU sobre las actividades de la Oficina de las Naciones Unidas (S/2022/521) para esta subregión africana en particular (UNOWAS) en relación con la situación de seguridad. Grupos escindidos de Boko Haram, otros relacionados con Al-Qaeda, y con el autodenominado Estado Islámico del Gran Sahara protagonizan esos ataques y, también, enfrentamientos entre ellos. Mali anunció su retirada del Grupo de los Cinco del Sahel. Por contra, ha mejorado la seguridad en el golfo de Guinea donde se ha reducido la piratería y los secuestros de tripulaciones, tras la inauguración oficial del Centro Regional de Seguridad Marítima de África Occidental.

Hubo más derrocamientos en África en 2021 que en los cinco años anteriores; en África Occidental los militares de Mali y Guinea derrocaron a los gobiernos en ejercicio. Ha seguido el golpe de Estado en Burkina Faso y estos países están suspendidos de la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (CEDEAO). Se han celebrado elecciones pacíficas en Gambia, parlamentarias en abril; y en Senegal, locales en enero; y en Guinea-Bissau, tras el intento de golpe se han pospuesto hasta diciembre. Sierra Leona, Nigeria, Liberia y Benín las tienen el año próximo mientras que Burkina-Faso, Guinea y Mali fijan el período de transición en dos o tres años.

África fue la principal víctima del Covid-19 con apenas un 7% de la población vacunada y el origen de la mayor parte de los emigrantes hacia Europa. África se verá afectada negativamente, además, por la situación geopolítica mundial: la inflación, los precios de los productos básicos, interrupción del suministro energético y el endurecimiento de las políticas monetarias. Las previsiones de crecimiento se han revisado a la baja en la mayoría de los países de la región. «La situación humanitaria seguía siendo grave en toda la región, ya que la inseguridad, los desplazamientos forzados, la malnutrición y la pandemia del Covid-19 exacerban los ya elevados niveles de vulnerabilidad, especialmente en el Sahel». Se han visto desplazados más de 6,2 millones de personas, debido sobre todo a la inseguridad en el norte de Burkina-Faso y Mali, y contribuyeron las perturbaciones climáticas. La crisis mundial de alimentos, provocada por la escasez de trigo, cebada y fertilizantes como consecuencia de la guerra en Ucrania harán que más de trece millones de personas se enfrenten a una inseguridad alimentaria severa la cifra más alta que se haya registrado desde el 2016. Consecuencia de la violencia casi siete mil escuelas permanecían cerradas y cerca de un millón trescientos mil niños sin escolarizar.

La UNOWAS (Organización de las Naciones Unidas para África occidental y el Sahel) Se apoya fundamentalmente en las organizaciones regionales como el CEDEAO y el Grupo de los Cinco el Sahel, y la Unión Africana. Frente a las amenazas regionales y subregionales transfronterizas e intersectoriales a la paz y a la seguridad. El objetivo es la aplicación de la estrategia integrada de Naciones Unidas para el Sahel centrada fundamentalmente en la prestación de los servicios sociales básicos, al mismo tiempo que el apoyo a la estabilidad y el restablecimiento de la autoridad de los estados.

Aparentemente la de África es una problemática muy distante; pero no lo es, ni por los contenidos de la crisis, inflación, problemas alimentarios a los que hay que añadir la débil estabilidad política, y el terrorismo; ni por sus efectos, hambrunas y los desplazamientos de la población dentro de la zona y hacia Europa a través de Canarias y el Mediterráneo. La frontera sur de la OTAN debe incluir el apoyo a los países africanos y a la estrategia integrada de la UNOWAS, y esos gastos contarse en el 2% de los gastos de defensa. En apoyo de las fuerzas armadas locales y en su formación están Francia y España, pero es insuficiente.

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