Kiosco La Opinión de Málaga

La Opinión de Málaga

Rafael Simón Gil

El ocaso de los dioses

Rafael Simón Gil

Abogado

La vuelta al colegio

Mientras ustedes dos leen este artículo, o simplemente lo ojean, resulta que ya es final de agosto, las vacaciones canónicas tocan a su fin y los preparativos de la vuelta al cole se les acumulan amenazadoramente en el buzón de casa porque hacía casi un mes que no lo habrían temerosos, con razón, de las ásperas sorpresas que esconde esa garita de correos que solo trae malas noticias (multas de tráfico, requerimientos de la Agencia Tributaria, recordatorios municipales sobre impuestos, cargos bancarios de luz, agua, gas, seguros, cuotas de autónomos, o, por fin, el aviso de la sanidad pública de que, tras reprimir más de tres meses la prisa que tiene tu enfermedad, te va a recibir el especialista contra las enfermedades que tienen más prisa -no confundir con el BOE-). De ahí que muchos hayan optado por olvidar la llave del buzón o, sin más, lo hayan arrancado de cuajo para ver si la teoría del avestruz tapándose la cabeza es eficaz.

Menuda vuelta de vacaciones. El cocodrilo de plástico que todos los días hinchabas a tus hijos en la playa dejándote el trozo de pulmón que te revisará el especialista gracias a la cita que al fin llega, se ha transformado al volver a casa en un dragón con multitud de cabezas que ni San Jorge logrará decapitar y que te tiene acorralado en el rincón de esa angustia que no te tratará el especialista hasta tres meses más tarde. No es solo la astronómica subida de la gasolina, el gas, la luz, el pescado, la carne, las bebidas, las frutas y verduras (para que no se asusten, relacionaré unos cuantos productos de ‘lujo’ que han sufrido una módica subida: 118% el aceite de girasol, 75% las magdalenas de Proust y la margarina, 63% los plátanos de Canarias, 55% los macarrones, 50% la harina y 45% los huevos; ¡manda huevos!). No es solo la subida de seguros, servicios, bienes básicos de consumo, vivienda, restaurantes, hoteles o el transporte, en suma, la inflación en todo su esplendor; no es solo eso, no. Es el amenazador ERE, el ERTE que toca a la puerta de tus pesadillas, el fin de la temporalidad o, sencillamente, el despido. Suma y sigue. Menudo 2022-2023.

Me pregunto, sin restarle importancia a la importantísima Agenda 2030 con la que tanto asusta el Gobierno al personal porque sin ella solo hay hambre y desolación, qué le importa más ahora al ciudadano, la 2030, o la agenda personal 2022-2023 que les acabo de dibujar. Me pregunto, sin restarle importancia a la importantísima ley de Memoria Democrática que redactó con tinta roja Bildu, qué le importa más ahora al ciudadano, leer a Otegui, o la lectura de las facturas de luz, gas, gasolina, cesta de la compra y el cole de sus hijos (el colegio supone ya entre el 20 y el 30% del sueldo de las familias españolas). Me pregunto, sin restarle importancia a la importantísima agenda del independentismo catalán, qué le importa más ahora al ciudadano, la mesa donde se negocia el derecho de autodeterminación, el derecho a decidir impuesto por las élites políticas de unos catalanes contra otros y contra la inmensa mayoría de españoles (mesa donde el Gobierno inunda de millones al separatismo), o encontrar un puesto de trabajo -sobre todo para los jóvenes y jóvenas- que les permita vivir con dignidad. Me pregunto, sin restarle importancia a la importantísima labor que el ministro de Consumo, Alberto Garzón, hace por el pueblo, por los consumidores y administrados, qué le importa más ahora al ciudadano, recomendarle que no consuma carne, cómo preparar los tupper con la comida de casa para llevar al trabajo, la eliminación del vino y la cerveza en los menús, o que el ciudadano sea protegido en sus derechos y dignidad frente al trato altivo, distante y desconsiderado de la Administración -en tantos casos-, teniendo en cuenta que vive de los impuestos de los administrados; o frente a las compañías de telefonía, televisión, aerolíneas y otros servicios a la hora de contactar con ellas, rescindir contratos o soportar los abusos para volar teniendo en cuenta que viven de sus usuarios; o frente a la indiferencia, el maltrato formal y la falta de protección que le dispensan bancos y entidades financieras teniendo en cuenta que viven de las operaciones y el dinero de sus clientes. Suma y sigue, menos Garzón, un comunista que sigue… sin enterarse.

Esta vuelta al colegio que se echa encima es una vuelta a la zozobrante y angustiosa realidad, a los sudores nocturnos y la desazón, a las certezas y la falta de expectativas, a cierta resignación nihilista que desprovee al ser humano de sus atributos de libertad al reducirlo, por ósmosis de manipulación ideológica, histórica, cultural y laboral, a la categoría de siervo. Otra vuelta de tuerca que, como en la novela homónima de Henry James, llena al ciudadano de una fantasmagórica sensación de que tras las cortinas de la vida real se le vigila, se le monitoriza, se le dirige. Un indigesto y peligroso globalismo -me temo que prácticamente irreversible- que ha logrado mover los hilos de millones de vidas propias que a él le son despectivamente ajenas. Aunque muy lucrativas. Suma y sigue. A más ver.

(Spoiler previsible). Sánchez y su doméstico gobierno empiezan a maldecir a Feijóo. Preferían a Casado y faemino -lanzador de huesos de aceituna-, más dóciles y manejables. Le han llamado sectario, ignorante, extremista, vago e incompetente. ¿Pronto le llamarán fascista y de extrema derecha? Obedece a que las elecciones se acercan y las encuestan les alejan. Obedece a mudanza, sillones, canonjías, amigas enchufadas, comidas, viajes, presupuesto y BOE. Es el cambio climático: fuera del poder siempre hace muchísimo más frío que dentro, y el calorcito de un mullido sillón ministerial siempre abriga más que hacer cola a la intemperie en la oficina del paro.

Compartir el artículo

stats