Opinión | LAS CRONICAS DE DON FLORENTINO
Redes sociales

Borja Escalona, en uno de sus vídeos
Es indudable que las nuevas tecnologías aportan enormes ventajas. Utilizar con buen juicio Internet nos abre un mundo de conocimiento, insospechado hace solo un par de décadas.
A mí me gusta escribir y la tarea de documentación es ahora cómoda y sencilla gracias a la red, que permite conocer que el zar Pedro I tenía continuos tics y estaba siempre haciendo muecas, probablemente porque sufría un síndrome de Gilles de la Tourette. Admito que esta deducción puede no ser muy interesante para el público en general, pero aún así me resulta más útil que la deriva que han tomado algunas personas con influencia en las redes sociales.
Recientemente surgió el caso de un tal Borja Escalona que ha retransmitido en directo su maravillosa aventura de comer una empanadilla en un bar de Vigo.
Cuando la camarera le pasó la cuenta el sujeto en cuestión se ofendió de que el bar no fuera capaz de valorar la impagable promoción que estaba haciendo a través de la redes y amenazó con pasarles una factura de 2.500 €. Las reacciones sobre este individuo han sido abundantes y lo han calificado, en general, como un indeseable.
Hay muchos más ejemplos en la redes de personajes que hacen fortuna retransmitiendo en directo la “vida real, al modo de “el Show de Truman” y claro, para que esa retransmisión sea atractiva para sus -asómbrense- miles de seguidores, no tienen otra alternativa que liarla continuamente.
Este es el caso de un tal Paul Denino, más conocido como Ice Poseidón, que ha evolucionado el sistema hasta un nuevo estadío: según sus propias palabras se dio cuenta de que salir a la calle sin guión ni frenos y retransmitirlo todo en directo era algo que enganchaba a la gente, que nunca había visto a alguien en directo y en la vida real llegar tan lejos. Y encontró un hueco en el mercado: empezó a pedir a la gente que le dijese lo que tenía que hacer y que pagara por ello. De esta manera gana unos 60.000 $ al mes y en promedio 10.000 personas lo ven en un momento dado en directo con picos de 65.000 espectadores.
En España también han surgido figuras de este calibre que tienen en común la tendencia a saltarse los límites. Esto ha empoderado a estos creadores quitándoles la necesidad de anunciantes, porque ahora son los propios usuarios y su moral la que pone los límites
Esto es una manera de utilizar las redes sociales en su propio beneficio, teniendo en cuenta la estupidez de aquellos que son capaces de pagarle a un sujeto para hacer payasadas en directo para ellos.
Seguramente son esas personas que se pasan un promedio de cinco horas diarias enganchadas a una pantalla de ordenador y que cuando se les pregunta dicen que no tienen tiempo para leer, como es lógico.
Quizá esto sea una de las brechas más importantes que nos depare el futuro, la que va a existir entre personas con inquietud, que se forman, que estudian y que tienen curiosidad intelectual frente a aquellos que se conforman con contenidos digitales insustanciales como los que hemos comentado y además son capaces de pagar por ello.
Pero, como dijo hace algunos años el torero Rafaela el Gallo cuando preguntó acerca de don José Ortega y Gasset y le dijeron que era filósofo: “Hay gente pa tó”
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