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La Opinión de Málaga

Javier Cuervo

Artículos de broma

Javier Cuervo

La libertad no se come

Yolanda Díaz, vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo y Economía Social. EFE

Yolanda Díaz intentó que las grandes empresas de distribución se sintieran concernidas por el problema que tienen miles de familias para llenar la cesta de la compra, tener suficiente comida en la despensa y alimentos sanos en la nevera para ellos y sus hijos. Preocupaciones de comunistas. No quiero distraerle con Yolanda Díaz ni sus propuestas, sino centrar la atención en las respuestas. Muchas contestaciones académicas e institucionales han dictaminado que entre la boca y el bocado se interpone la libertad. Es grave. Si entre el hambre y el alimento sólo se interpusiera el precio creciente el problema se solucionaría con dinero. Pero cuando no se pueda pagar ya no hay más que hacer porque lo que estaría en juego no sería el hambre de los pobres sino la libertad del mercado. Cuando la respuesta es la libertad, se acabaron las preguntas.

Las leyes europeas defienden la libertad del arroz para no llegar a las muelas del pobre más que por la vía del dinero que cuesta en el momento en que se compra según precio determinado por el mercado. Que se arreglen el hambriento, el Estado, los voluntarios de los bancos de alimentos y las monjitas cocineras y que la libertad siga su curso. No es el huevo, es el fuero. Quien no tenga dinero que se fría un fuero. Cuando tu dinero sea grande, comerás huevos. Esto es así y así hay que decirlo: al pan, pan.

Los balances de los gigantes de la distribución están entre las buenas noticias del año. El día de su publicación se olvidan las protestas del campo nacional estrangulado por márgenes bajos y costes y riesgos altos. No hay mayor problema cuando la mejor solución es la libertad. Con los excelentes profesionales que contrata el mercado para su contabilidad, nunca ha calculado sus muertos por especulación como sí ha hecho con los de la planificación. Se contarían por millones, como las fortunas se cuentan por milmillones. El mercado solo responde a las preguntas que le caen de la libertad.

–Papá, tengo hambre.

–Ya, pero tienes libertad. Pa la cama y felices sueños.

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