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La Opinión de Málaga

Vicente Almenara

La señal

Vicente Almenara

Picasso maquillado

La guerra está servida. Todavía no tiene muertos. Las llamadas trabajadoras sexuales contra los abolicionistas de la prostitución, a los que les gusta prohibir todo lo que encuentran a su paso. Y si las putas quieren ser eso, putas, ¿quién es quién para impedírselo? Así, el pasado lunes se concentraban los miembros de la Plataforma de Personas Afectadas por la Abolición, con sus paraguas rojos, todo un símbolo, frente al pudoroso Congreso de los Diputados en el que los leones bostezaban, aburridos.

Pero la guerra también va a estar en el Año Picasso, en el cincuenta aniversario de su muerte. Y eso supone hablar de sus relaciones con las mujeres… En sus memorias, Marina Picasso, nieta del pintor, habla de las mujeres de este: «Las sometía a su sexualidad animal, las domesticaba, las hechizaba, las devoraba y las aplastaba en sus lienzos. Después de pasar muchas noches extrayendo su esencia, una vez desangradas, se deshacía de ellas». Arianna Huffington escribió que Picasso quemaba con cigarrillos a Marie-Thérèse y que golpeaba con frecuencia a Dora Maar hasta dejarla inconsciente, y son varios los testigos que afirmaban haber presenciado las palizas a las que Picasso sometía a la fotógrafa y artista. Pero, claro, para abordar todo eso, y mucho más, hay toda una industria de la cosmética a pleno gas. Si fuera un pobre diablo de barrio que acaba de pegarle un puñetazo a su mujer en el ojo derecho se hablaría con razón de un criminal, pero si se trata de Picasso… ¡ay, amigo! Bernard Ruiz-Picasso dice que era “hijo de su tiempo”, qué novedad, y todos, y que «las mujeres que convivieron con él sabían a qué se atenían, no las captó ni encarceló, ellas sabían lo que había»… y no se le cae la cara de vergüenza al tipo, habría que declararle non grato en Málaga. Como es Picasso, un icono de izquierdas y afiliado al PCE, pues un poco de cremita. Y también se lee que la grandeza de sus obras se sobrepone a otras cuestiones, eso será para los cómplices. Son las dos varas de medir de siempre. El icono se impone, la verdad se esconde. Ya verán ustedes los equilibrios que tendrán que hacer las autoridades de Málaga para vender el souvenir picassiano.

Pero llega Oliver Stone al Festival de Venecia, otro izquierdista de toda la vida, con su documental «Nuclear», un alegato a favor de la energía atómica. La verdad es que el apocalipsis vende mejor que la sensatez, por eso esta tarda tanto en abrirse camino. Dice Oliver que Jane Fonda le engañó. Jane no ha hecho otra cosa en su vida que engañar a los demás, pero a quien se ha dejado, claro. Aquí ETA asesinó a José María Ryan en 1981 y Lemoniz no se construyó. Ganaron los asesinos. Pero bien venido al club de los arrepentidos, Oliver. La resaca antinuclear se te pasará pronto.

Y en estas se nos ha ido Javier Marías. Yo había terminado de leer «Tu rostro mañana» y se me muere, como quien dice, en los brazos. Pero para muerte, la de la reina Isabel II del Reino Unido. La extrema izquierda y la extrema derecha están de los nervios con la cobertura de la BBC del acontecimiento y la respuesta del pueblo de Escocia, de Gales, de Inglaterra, de la Commonwealth... Los izquierdistas, porque eso de que la gente, millones de hombres y mujeres de toda condición social, incline la cabeza en señal de respeto por la Monarquía, provoca que salgan sus demonios, y el riguroso luto de los periodistas de la corporación de medios británica, el consenso general de los intelectuales… bueno, y la extrema derecha porque la pérfida Albión demostró que nuestra Armada no era Invencible, y porque tiene una colonia en nuestro suelo, y porque pirateaba nuestros barcos venidos de América… Es verdad que ellos tienen democracia desde la noche de los tiempos y aquí desde hace un cuarto de hora. Por eso, el fúnebre cortejo ha recorrido la Isla sin una voz en alto, con un respeto social que aquí, en estos secarrales es, sencillamente, inimaginable, y eso enfada. Gustavo Adolfo Bécquer se preguntaba:

¿Será verdad que cuando toca el sueño

con sus dedos de rosa nuestros ojos,

de la cárcel que habita huye el espíritu

en vuelo presuroso?

¿Será verdad que, huésped de las nieblas,

de la brisa nocturna al tenue soplo,

alado sube a la región vacía

a encontrarse con otros?

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