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Rafael de la fuente

El contrapunto

Rafael de la Fuente

The Lake Palace de Udaipur

El maestro René Lecler, el mejor catador de grandes hoteles de la historia, no tenía ninguna duda: «Muchas personas, entre las que me incluyo, creen que el Lake Palace de Udaipur es probablemente el hotel más bello del mundo». Así lo aseguraba en su hermoso libro – que ya es un clásico – sobre los 300 mejores hoteles del planeta.

The Lake Palace, el Palacio del Lago, el Jag Niwas, antes de ser un hotel ‘féérique’ - de cuento de hadas- fue la residencia de verano de los soberanos de Udaipur. Lo terminaron de construir en 1746. Entonces era el señor de aquel reino portentoso el Maharaná Jagat Singh II. El número 62 de la dinastía de los Mewar, reverenciados por sus fieles súbditos como los preclaros descendientes del Dios Sol.

Udaipur, ‘La ciudad del amanecer’, está en el Rajasthan, en el noroeste de la India. En 1568 se convirtió en la capital de aquel reino portentoso. En el lago al oeste de la ciudad había dos pequeñas islas. En ambas se construyeron palacios. El más hermoso de los dos edificios es hoy un hotel. Levantado en mármol blanco, digno de un gran rey. Ocupa en su totalidad la superficie de la pequeña isla que ennoblece el lago sagrado de Udaipur. Y que nos recuerda a una deslumbrante nave blanca que se mece, mágica, sobre las aguas, con los palacios y las torres de la ciudad vecina en una orilla y las montañas frondosas del Aravali en la otra. Decía René Lecler que al amanecer el palacio se convertía en una fantasía oriental flotando, intrépida, sobre un espejo de plata.

Cúpulas, miradores sobre las aguas, patios, jardines, celosías de mármol, mosaicos, fuentes, bellísimos frescos, bajorrelieves. Tenía razón René Lecler. Era algo más que un hotel. Era un sueño suspendido en el tiempo, al que sólo se podía llegar surcando las aguas del lago sagrado.

Cuando otro escritor francés, Pierre Loti, visitó el palacio hace algo más de un siglo, éste se encontraba a punto de convertirse en una romántica ruina. Gloriosa, y casi carcomida por la humedad del lago y el abandono. Los testimonios de los viajeros occidentales de aquella época, sobre todo los ingleses, coinciden. No fue hasta 1968 cuando el Maharaná de Udaipur , Bhagwat Singh, decidió que era indispensable recuperar el edificio antes de que fuese demasiado tarde. Sólo había una opción viable. Convertirlo en un gran hotel. El soberano tuvo una idea genial: confiaría la restauración del monumento y su nada fácil adaptación a una brillante empresaria norteamericana, Didi Contractor. Experta en las claves secretas del arte y la gran historia de la India. La señora Contractor, ‘Didi’, como sería mundialmente conocida, lo logró. Gloriosamente. Entre 1961 y 1969 trabajó muy duro y realizó el milagro: la recuperación del palacio del lago sagrado. Y allí nos esperan hoy en día todos aquellos rincones mágicos, los maravillosos frescos, los mosaicos de mil tonalidades, las valiosísimas miniaturas del siglo XVIII.

Uno de los problemas con los que se encontró Didi Contractor fueron los modestos recursos financieros de la casa real de Daipur. El soberano, hombre bondadoso y fiel a sus principios, quería que se respetaran todos los compromisos del anterior maharaná, su padre. Entre ellos estaba la obligación de hacerse cargo de las haciendas de las 300 bailarinas de la antigua corte real, la mayoría ya cercanas a una venerable ancianidad. Tan venerables como los augustos elefantes destinados a los grandes acontecimientos de la Casa Real.

1971 fue para mi un año muy, muy importante. El primero de mayo de ese año mágico se produjo el comienzo de mi inolvidable etapa profesional de algo más de trece años, en el marco del legendario Hotel Los Monteros de Marbella. Gracias a esa maravillosa institución marbellí pude conocer algunos de los mejores hoteles del mundo. En ese mismo año se produjo la adquisición de los derechos de gestión del Lake Palace por parte de un mítico grupo hotelero hindú: el Taj Resorts and Palaces, el más importante del país. La fama del Lake Palace fue meteórica y por supuesto arrolladora. Nadie que deseara conocer a fondo la India se podía permitir el no incluir en su itinerario aquel hotel único por su belleza, su emplazamiento y su historia. Como hizo la Reina Isabel II de Inglaterra cuando visitó la India, su antigua colonia, joya de la diadema imperial británica. En la que el protagonismo del augusto Lake Palace fue un destacado eslabón.

Recuerdo con gratitud y con una profunda emoción a aquellos siempre añorados hoteles malagueños, en los que tanto aprendí, como mi Santa Clara del alma, en Torremolinos. O la Casa del Monte, y sus deslumbrantes magias, en La Caleta de Málaga. Y tantos otros. Con toda mi admiración y mi respeto eterno a todos ellos.

Explorar en profundidad la colección y las facetas de los grandes restaurantes dentro del Lake Palace ya merecería un espacio que las limitaciones de este trabajo no permiten. Empezaremos citando al Bhairo, enclavado en la zona más alta del palacio, dominando un panorama deslumbrante. Un restaurante simplemente perfecto, espectacular. Ofrece una gran carta dedicada a la alta cocina europea, además de una selección perfecta de fascinantes especialidades del subcontinente asiático.

El Jharokha es un restaurante informal y desenfadado. En un emplazamiento de ensueño, junto a las aguas del lago y con unas vistas inolvidables sobre la ciudad y su formidable Palacio Real. Digno acompañante de otra de las joyas culinarias del hotel: el Neel Kamal. Un restaurante delicioso, dotado de un refinamiento muy particular y una impresionante carta de especialidades de la región de Udaipur. Ninguno de ellos hubiera defraudado al más exigente de los antiguos soberanos rajasthaníes.

No debemos olvidar que además los clientes del Lake Palace tienen la posibilidad de una experiencia única en un lugar único. El poder disfrutar de una comida o un banquete a la luz de las antorchas a bordo del ‘Gangaur’, la hermosa barcaza de la Casa Real del Rajasthan, con su siglo y medio de vida. Y ¿en qué hotel del mundo hay una brigada de restaurante tan especial como los Royal Butlers, los Mayordomos Reales, con sus vistosos uniformes, que nos recuerdan los lejanos tiempos del British Raj? Y como las posibilidades en el Lake Palace son infinitas, ellos pueden servir cualquier tipo de comida, desde la más informal hasta un banquete de Estado, en cualquiera de los salones o las suites del hotel.

La sabia baronesa E.v.H. (a quien he citado más de una vez en esta serie de artículos sobre grandes hoteles) nos recomendó algo importante durante la visita oficial de una delegación de empresarios turísticos españoles a Austria. En su opinión, si queríamos comprender la tercera dimensión de los hoteles de gran clase internacional, sería un imperativo ineludible el visitar el Lake Palace de Udaipur. Es un amable consejo que agradeceré toda mi vida.

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