El PP andaluz le acaba de meter una marcha más a ese casting con el que atrae a su órbita a aquellos políticos de Ciudadanos que son de su agrado y, recientemente, se apearon del proceso de refundación al que se han encomendado los liberales. Todo empezó con la continuidad como consejera de la malagueño-cordobesa Rocío Blanco, quien saltó a la primera línea de la política como un fichaje ‘independiente’ de Ciudadanos para el Gobierno andaluz y se ha convertido en una persona de la máxima confianza de Elías Bendodo. Incluso, ha participado en iniciativas del partido como la reciente Escuela de Verano del PP.

La hoja de ruta ha ofrecido nuevos pasos como el que se tradujo en los nombramientos como delegados territoriales de Justicia en el Gobierno monocolor del PP en Málaga y Sevilla, respectivamente, de la exportavoz naranja en el Parlamento de Andalucía, la cartameña Teresa Pardo, y de quien fuera concejal de Cs en el Consistorio hispalense Javier Millán. Tras repetir como cargo de la Junta, Millán se ha sacado el carnet del PP y su nueva afiliación no ha sentado bien entre excompañeros de Cs que han tirado de hemeroteca para recordarle sus críticas a las filas populares.

Y ahí no se han quedado los movimientos. La semana pasada, se conoció igualmente que quien fuera vicepresidente del Parlamento por Cs, Sergio Romero, era recuperado para el Instituto Andaluz de la Juventud por el PP. Romero dejó su anterior partido en vísperas de los comicios y, enseguida, manifestó que votaría a Juanma Moreno. El fichaje no habrá sido del agrado de Juan Marín, con quien terminó enfrentado, pero sobre el sanluqueño se asegura que él y sus afines serán los más beneficiados de este trasvase. De ahí que hayan sido incluidos en una nómina de posibles rescates el propio Marín, la almeriense Marta Bosquet, el onubense Julio Díaz, el exparlamentario por Málaga Carlos Hernández White o la gaditana Elena Sumariva.

Es, evidente, que el PP andaluz le ha abierto sus compuertas al caladero que representa el entorno de la formación liberal. Y los dirigentes del partido de la gaviota no lo ocultan ya. Incluso, en la antesala del 19J se llegó a apreciar un trato de cariño a exintegrantes de Vox que aún perdura, como sucede con quien fuera el efímero presidente provincial del partido de Santiago Abascal en Málaga, el coronel retirado Enrique de Vivero.

Tales conexiones entroncan con el objetivo de volver a ser la gran casa del centro-derecha y, con las mimbres más extensas posibles, reeditar la mayoría absoluta de Andalucía en los comicios de 2023, a nivel local, autonómico y nacional. Es lo que se desprende, por ejemplo, de las declaraciones en las que desde hace meses Bendodo viene reiterando que «sería una pena que se pierda el talento que hay en determinados dirigentes de Cs y el PP tiene sus puertas abiertas a ese talento».

El goteo de incorporaciones con pasado naranja al partido de la gaviota será incesante y el PP de Málaga no estará ajeno a ese trasvase. Se desprende de la declaración de intenciones de quien será tras el inminente congreso su nueva presidenta provincial, Patricia Navarro. Ella es partidaria de que la nueva dirección provincial que se elija en el cónclave, tras ella proponerla, debe ser un reflejo de ese partido de puertas abiertas. De ahí que empiecen a verse cada vez más cerca de la órbita del PP malagueño nombres como los de Rocío Blanco, Juan Cassá o Teresa Pardo. Y no serán los únicos. Tiempo al tiempo.