Mira que en los colegios se lleva de un tiempo a esta parte lo de la integración de forma paulatina de los alumnos, ya saben: un ratito por la mañana, verse con sus compañeros de curso, darles el trabajo en pequeñas dosis y todo eso.

Extrapolar eso a la Liga ACB es un error grave, significa equivocarse casi con el pleno de efectividad. La liga española dio comienzo el miércoles, ha tenido partidos todos los días hasta el pasado domingo, y se han jugado ya dos jornadas.

Si a esto se le une que esta semana se inician también la Euroliga y la FIBA BCL, está claro que, eso de integración paulatina nada. Aquí se ha tirado todo el mundo por la borda del barco y se trata de nadar salvando la corriente sin más dudas.

Tras el inicio en Vitoria, el Unicaja versión 22/23 hizo poner en duda muchas de las esperanzas generadas, y que al principio de la noche del pasado jueves tenían la pinta de estos aciagos años anteriores. Si a todo esto se le une que el rival que visitaba el domingo Málaga, lo hacía muy bien derrotando al FC Barcelona, se alimentaban razones para seguir desconfiando y aumentando esa depresión, que hay momentos que es crónica.

El partido del domingo fue en muchos momentos de los que animan a pasear bien acompañado por el paseo marítimo o leer plácidamente un libro al fresco en una terraza. Quizá la angustia de poder estar el lunes siguiente pensando en un 0-4 de balance inicial (porque, ¿alguien esperaría ganar a Dinamo Sassari o Real Madrid?), más la puesta en escena daba que pensar. Aunque como el rival iba por delante, pero tampoco tenía números siderales, y los árbitros cometieron todos los pecados imaginables, se provocó que el público despertara. Y a base de más voluntad que juego y aprovechando una deficiente gestión del partido por parte visitante, Unicaja terminó ganando un partido malo, lento, embarrado, sin ritmo alguno y con unas desconexiones letales.

Porque si ambos equipos piensan que mantener ese nivel de prestaciones va a resultar suficiente para poder encarar la temporada, está claro que se equivocan. Porque, aunque dejes en un solo tiro y sin anotar al mejora atacante rival (AJ Slaughter), lo mismo no te basta para poder ganar. No todos los contrarios van a perder 27 balones o recurrir a un jugador ultradefensivo que en la práctica no mire al aro para cambiar el encuentro.

Sobre el tema arbitral, un par de cosas. Si el colectivo está tan en la línea de creerse ese mantra de la ACB de ser «los mejores fuera de la NBA», pues vale, pero el espectáculo del domingo fue horroroso. Es más, tengo la duda si el partido fue malo por parte de los equipos o de los árbitros. El nivel de desquiciamiento mental de los participantes llegó a un lugar que sólo faltó escuchar «ni de izquierdas, ni de derechas». Dejaron tan descontentos a todos que la respuesta correcta a esa sólo es: muy malos, muy malos.

Y no es que piense que no saben pitar, tampoco me puse en plan conspiranoico y culpé a Héctor Báez por ser grancanario, pero si mencionaba pecados de árbitro. Fueron pasando por todos ellos, la compensación y el protagonismo por bandera adornaron un esperpento.

Hay que hacer un llamamiento a la paciencia, pero no creo que sea bueno para este equipo ir esperando a una mejora de rendimiento conforme vaya pasando la temporada. Viniendo de dónde viene este Unicaja, lo que creo más adecuado es que, al menos, los errores de la primera semana de competición no se repitan en la segunda. Dos oportunidades para seguir mejorando están ahí a disposición.