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Fernando Ull Barbat

EL OJO CRÍTICO

Fernando Ull Barbat

Una derecha desnortada

El reciente nombramiento de Rishi Sunak como primer ministro inglés tras permanecer su predecesora en el cargo poco más de mes y medio, ha puesto de relieve las dificultades por las que atraviesa el Reino Unido desde que abandonó la Unión Europea. Si los ingleses que votaron afirmativamente al llamado Brexit creyeron que su salida de la Unión Europea iba a traer una época de prosperidad económica y estabilidad política, la dura realidad les ha ido informando del futuro que les espera. De momento, una inestabilidad política que no se sabe cuándo va a terminar. El sistema parlamentario inglés tiene una característica que al resto de europeos nos puede sorprender: la posibilidad de que los propios miembros del grupo conservador en el Parlamento provoquen la caída del primer ministro y elijan a uno nuevo sin pasar por las urnas. Pero además, un desbarajuste económico que ha hecho intervenir al Banco de Inglaterra para tratar de estabilizar la deuda pública inglesa y evitar el desplome de la libra después de que el anuncio de la medidas ultraliberales de la ex primera ministra Liz Truss provocasen el pánico en los mercados europeos. Qué desastre verían venir los mercados, el no va más del liberalismo económico, para que se pusiesen a toda prisa a vender deuda inglesa. En realidad este nuevo cambio en la jefatura del gobierno no es más que otra consecuencia más de su salida de la Unión Europea. Los ingleses se van a tener que enfrentar por primera vez a una inestabilidad económica provocada en este caso por la guerra en Ucrania, sin ese paraguas protector de la Unión Europea del que tanto se quejaban.

Este galimatías en el que andan metidos los ingleses desde que votaron a favor del Brexit se ha ido gestando al mismo tiempo que en Italia la derecha tradicional ha sido sustituida poco a poco por la locura de Berlusconi y en esta fase final por el postfascismo de nuevo cuño de la presidenta italiana Giorgia Meloni. A ello hay que sumar que en los países nórdicos, antiguos baluartes de la socialdemocracia europea que hicieron posible el nacimiento del Estado del bienestar como lo conocemos en la actualidad, la extrema derecha ha conseguido formar parte de varios pactos de Gobierno, surgiendo como fuerza política que ha llegado para quedarse y para implementar un programa político que recuerda al ascenso de Hitler durante la Alemania de la República de Weimar.

El Partido Popular, siempre tan pendiente de lo que hacen los conservadores ingleses, pasaron de celebrar las medidas de bajadas masivas de impuestos sin ton ni son de la dimitida Liz Truss a negarla tres veces, como el apóstol Pedro a Jesús. Isabel Díaz Ayuso, que en un principio aplaudió las medidas económicas de Truss, guarda ahora sobre su dimisión y el fracaso de su plan económico un sonoro silencio. Los dirigentes del PP dicen ahora que ellos nunca dijeron que querían lo mismo para España y Feijóo poco menos que ha dicho que no sabía nada de esas medidas económicas de las que usted habla, que diría Mariano Rajoy.

Qué mal estarán las cosas para el Partido Popular que, en el último cara a cara entre Feijóo y el presidente del Gobierno en el Senado, el líder de la oposición trató de poner en apuros a Pedro Sánchez valiéndose del primer ministro portugués, António Costa, un socialista que tiene mayoría absoluta. Si el único ejemplo del extranjero que tiene Feijóo para atacar a Sánchez es un socialista, mal deben estar las cosas en el panorama europeo para los conservadores.

Pero en ningún momento el descalabro de la derecha europea puede ser una buena noticia para la socialdemocracia ni mucho menos para Europa. La derecha clásica siempre ha sido el dique de contención de la expansión de la ultraderecha. Sus posible votantes, que en España lo constituían los nostálgicos del franquismo y en Italia los admiradores de Mussolini, preferían el voto útil y se decantaban por partidos de derecha clásicos que, en el caso español, realizaban continuos guiños a la ultraderecha sociológica consiguiendo mantenerles en el redil democrático. Sin embargo, tras la caída paulatina del PP en España producto de la corrupción total, la ultraderecha española fue tomando cuerpo y consiguiendo votantes a base de repetir barbaridades y bulos sin ningún sentido que ciertas personas están deseosas de escuchar aunque sepan que son mentira.

Resulta muy difícil tratar de adivinar cual es el futuro de la derecha en Europa. Con los ultranacionalistas en un lado y la ultraderecha católica y liberal en el otro, los conservadores españoles se enfrentan al riesgo de no saber gestionar esa ola antifeminista y antiecologista que odia los avances progresistas de la sociedad que se ha ido extendiendo por Europa y a la que hay que sumar, por si fuera poco, los antivacunas negacionistas. Spoiler: el apóstol Pedro fue perdonado.

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