La atracción que la figura del Quijote sigue suscitando en el arte español contemporáneo ha determinado acercamientos en artistas de distinto cuño (de Picasso a Dalí, de Saura a Barceló). En Málaga, el interés por el personaje o sus andanzas también han tenido reflejo, por citar algunos, en óleos como los de José Moreno Carbonero o, más reciente, en los aguafuertes de Valentín Kovatchev. Aquí destacamos la aportación de otro pintor malagueño, nacido en el barrio del Perchel, Manuel Garvayo (1917-1983), que además fue litógrafo, barrista e impresor.

De atribulada biografía, su primera exposición de pintura la hizo en Málaga en 1949 a la que siguieron otras en Madrid, Verona (Italia) y Yugoslavia. Como impresor, desde 1954 editó en su propia imprenta la Colección Perchel, en la que publicó leyendas y romances de su barrio. Suyos publicó dos libros xilografiados: 'Muerte de Ignacio Sánchez Mejías' (1966) y 'El Quijote y nuestra época. Grabados y Dibujos' (1970).

Portada del libro La Opinión

Por un guiño del destino, hemos encontrado un ejemplar del segundo libro en una colección particular de Marbella. Se encuentra en buen estado de conservación y dedicado por Garvayo a su actual propietario, un conocido y veterano pintor. Una rareza bibliográfica, una edición limitada de 200 ejemplares numerados a mano en papel de hilo (el nuestro es el número 176). Del total de imágenes, doce son xilografías a página completa más veintiocho dibujos reportados por el sistema tradicional de imprenta. Los dibujos, realizados a tinta china con plumilla o pincel, sitúan a don Quijote y Sancho en el siglo XX (años setenta), testigos o protagonistas de los cambios acaecidos en la sociedad contemporánea (la tecnología, el consumismo, la cultura de masas…) y de los aspectos más negativos de la condición humana: maldad, ambición, ingratitud, traición, opresión o violencia, entre otros motivos. A estos hay que sumar los siete pecados capitales (soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia y pereza) que Garvayo, hombre religioso, incluye entre los males que aquejan a este mundo: un panorama desolador que le produce una rabia incontenible, comprobando, al igual que Cervantes y al que cita en la presentación del libro, que «todas las épocas serían iguales».

El realismo expresionista de los dibujos, con influencias del Goya de los 'Caprichos' y los 'Desastres de la guerra', se compenetra con una simbología de caracteres cósmicos y supraterrenales que narran con eficacia el mensaje o la crítica planteada. Todas las imágenes llevan al pie una leyenda que sí corresponden a pasajes de la novela, como un lema cuya vigencia aterradora confirma el ser humano con actos infames. En diversas escenas don Quijote y Sancho contemplan, resignados, las injusticias perpetradas; pero en otras, Alonso Quijano se rebela ante tales desafueros y acomete con «lanza en astillero, adarga antigua y rocín flaco» en defensa de los menesterosos y oprimidos del mundo. Tal y como hace Manolo Garvayo en este bello libro.