No me veo capaz de mejorar el titular de Emilio Fernández ayer lunes en este diario, en el que maldice el parón por ese timo de las ventanas FIBA. No es la primera vez que lo califico de esa forma y dudo mucho que varíe mi manera de entenderlo, aunque ahora se hable de mayor docilidad de las partes para adecuar calendarios, cosa que beneficiará a España, sin ir más lejos, permitiendo que Sergio Scariolo dirija al equipo nacional en Pésaro ante Italia.

En lo que nos toca más directamente, sólo puedo darle la razón a Emilio, porque cortar el desarrollo de la temporada de Unicaja tal y como está funcionando es una mala noticia. Está claro que al equipo malagueño le queda mucho que ir avanzando, sobre todo porque el mes de noviembre no concede títulos, pero el avance del equipo -y también lo que le rodea, no lo olvidemos- hace que no poder seguir compitiendo se convierta en un obstáculo más del desarrollo del curso.

Buscando circunstancias positivas del parón por las selecciones, hay que volver la vista hacia los jugadores que menos están rindiendo del grupo que entrena Ibon Navarro, los cuales, además están identificados porque son los dos jugadores que menos cuentan en lo referente a minutos para el técnico alavés.

En los casos de Jonathan Barreiro y Will Thomas, la situación es diferente, si vemos las circunstancias del gallego, se está empezando a parecer peligrosamente a casos vividos como pudo ser en su momento el de Saúl Blanco. Se supone que para Navarro es un alero, y de momento, no puede competir con Nihad Djedovic, sino que además, la solución puntual pasa por usar a Tyler Kalinoski con otro pequeño a su lado en la rotación exterior. Es su segunda temporada en Málaga y de momento, la involución en su juego es más que clara, acudir a la convocatoria de Sergio Scariolo lo mismo le sirve para mejorar sensaciones.

Con Will Thomas hablamos de otra cosa, fue fichado como el plan de seguridad en el juego interior, sobre todo por dudar sobre si Dylan Osetkowski en Málaga se iba a parecer al de Alemania o al de Francia, pero parece que el paso del tiempo está siendo poco clemente con el de Baltimore. El juego de Thomas nunca fue en exceso un despliegue físico. Dureza y optimización de esfuerzos estaban en las virtudes que se le veían, pero a día de hoy, está tremendamente lejos del mínimo que le demanda el equipo y de lo que exige la competición, y desde hace tiempo, tenemos muy claro que en la Liga ACB no se hacen prisioneros. Que se pare la competición es una buena opción para intentar recuperar una forma que parece que se alarga demasiado en el tiempo.

No es bueno el parón, no. El equipo avanza en su juego, transmite buenas sensaciones y se ve una evolución adecuada. Queda mucho de competición, que los rivales endurezcan más las condiciones y faltará también lidiar con lesiones, cosa que les ocurre a todos los participantes.

Además, otra circunstancia que hace que tampoco quiera el parón es la buena sintonía que se está viendo entre el club y su entorno, vale que entre los partidos de casa ha habido muchos de los calificados llamativos (Gran Canaria, Real Madrid, Real Betis y Covirán Granada), con rivales de los importantes y de los más cercanos, pero sin ir más lejos, la cifra de asistentes el pasado domingo ante los vecinos de la Alhambra, 9.107 espectadores, no tenía una cifra similar más allá de un duelo ante FC Barcelona o Real Madrid desde el 12 de marzo de 2011, cuándo ante el entonces llamado Bizkaia Bilbao Básket acudieron 9.200 personas al feudo malagueño.

De momento, es otra muy buena noticia, algo que tiene que congratular por fuerza a todo aquel que tenga un mínimo de sentimiento cajista, en mayor o menor medida. Lo que hace falta ahora no es ni más ni menos que un ejercicio de madurez, algo que tras el giro que se está viendo tanto por parte de directiva, equipo y entorno, no es sino lo que la situación requiere.