LOS PREJUICIOS Y LA MORAL

Sin darnos cuenta, de una manera espontánea y natural, juzgamos a los demás, sin tener apenas información, por el simple hecho de que no nos resulten afines, dando por sentado que no solo acertamos en nuestra visión del otro, sino que también dictamos sentencias que van a misa. No solo juzgamos sino que también clasificamos, y al hacerlo dejamos claro que ese alguien no pertenece a nuestro grupo, con lo que ello significa. Y al no pertenecer a «nuestro grupo», inconscientemente le estamos etiquetando con tal distinción. Supuestamente nos encontramos en la época de las libertades, en la que cada cual se puede comportar como quiera, y es cierto, pero también lo es que no por ello se haya desterrado la penosa costumbre de prejuzgar las actitudes contrarias a lo que nos dicta la moral individual, lo que consideramos cada una desde nuestra perspectiva. Y es desde esta óptica desde la que contemplamos a nuestros semejantes sin mirarnos a nosotros mismos, lo que no impide que los demás nos juzguen y nos prejuzguen, y así funcionamos, como en un círculo vicioso, que, como su mismo nombre indica, está muy viciado, entre otras cosas, de los dichosos prejuicios con los que tanto daños nos hacemos, unos y otros.

Enrique Stuyck Romá. Málaga