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Daniel Capó

LAS CUENTAS DE LA VIDA

Daniel Capó

Elecciones en tres actos

Elías Bendodo, Alberto Núñez Feijóo, Cuca Gamarra y Esteban González Pons, tras presidir la reunión del Comité Ejecutivo Nacional del PP. EP

I. En las elecciones de medio mandato que acaban de tener lugar en los Estados Unidos, los distintos candidatos se han gastado diecisiete mil millones de dólares en la campaña. Son números mareantes que nos hablan, en primer lugar, de la importancia que se concede al poder; pero también –y sobre todo– del papel que juega el uso intensivo de la tecnología en la decisión del voto. Ya no se trata sólo de la segmentación del mismo distrito a distrito, calle a calle, grupo de edad a grupo de edad –práctica habitual desde hace años–, sino del manejo de herramientas más avanzadas y especialmente invasivas, como podría ser la Inteligencia Artificial. No hay estudios solventes todavía sobre la influencia real de la utilización de estos sistemas, pero es cuestión de tiempo que lo sepamos. Y, en todo caso, ¿por qué, si no, se invierte una cantidad de tal magnitud en una campaña electoral?

Frente a los Estados Unidos, España se encuentra todavía a años luz en el uso de la ciberpolítica. También es cuestión de tiempo, porque el primer partido que lo haga servir –que cuente con los medios económicos y de la voluntad de emplear las herramientas disponibles– adquirirá una ventaja considerable en la contienda electoral. Ya no serán mensajes segmentados, sino una munición lanzada casi –o sin el casi– de forma individualizada, que buscará cambiar o afianzar el sentido del voto de cada uno de nosotros.

II. En realidad, al final, las elecciones se deciden por un puñado de votos concentrados en unos pocos lugares. Apunten un número: 130. Es la cifra de diputados que permitiría al PP acceder de nuevo a la Moncloa y neutralizar el posible perímetro de coaliciones de que se vale el PSOE: Unidas Podemos, Esquerra, Bildu…, hasta llegar a Junts, que podría decidir. Y es importante aquí subrayar el condicional hipotético: podría. O no, si le interesara más la confrontación directa con Madrid y con el demonio habitual –para el nacionalismo– de la derecha española. A saber. Pero lo que importa aquí es una cifra, que se movería entre los 130 y los 140 diputados, dando opciones reales a Núñez Feijóo de conseguir la Presidencia del Gobierno. Cualquier victoria por debajo de este límite convertiría a Sánchez en protagonista. Y la labor del PSOE –ya ha empezado con las manifestaciones en protesta por el estado de la Sanidad pública en Madrid– consiste en erosionar al máximo la ventaja demoscópica de los populares.

III. Pero antes vienen las autonómicas y municipales, que actuarán como rampa de lanzamiento de las generales. Aunque no sería la primera vez que una victoria aplastante del PP en las autonómicas terminara traduciéndose, un año más tarde, en un triunfo de la izquierda en las generales. Podría suceder, aunque en este caso los plazos se acortan y las tendencias de fondo no deberían modificarse en exceso. La suma de malestares sugiere que, en los comicios de mayo, las cifras electorales favorecerán los intereses de la derecha, la cual debería pasar a controlar buena parte de las administraciones regionales. La consolidación de esos resultados dependerá, en buena parte, de la superposición de crisis –económica, política, sanitaria, social– y del uso acertado de las tecnologías que señalábamos en la primera parte de este artículo: la campaña aún cuenta; sobre todo, cuando se presenta tan reñida.

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