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José María de Loma

Notas de domingo

Jose María de Loma

Me espían

Un paseo a la orilla del mar.

Lunes. Elijo un pantalón, plancho una camisa, caliento un café. Me asomo al balcón, hablo por la radio, llamo a un buzón de voz. La semana por delante, brumas en la salita. No hay bollos, protesta el tostador, vasos por fregar. Tertulia en el Framil, que es el café de guardia debajo de la redacción. Turistas, nativos, oficinistas, un senador, abogados, la terraza del local es un muestrario humano variado. Hablamos de Reyes Maroto, que hace un rato ha sido designada candidata del PSOE en Madrid para las municipales. De alguna manera hay que perder el tiempo. Uno de los desayunantes trae el asunto a nuestra ciudad y nos conmina a hacer una apuesta sobre el resultado y los alcaldables de nuestra aldea. Un conocido pasa, saluda y tiene el buen gusto de sentarse y pedir otra ronda de cafés. Me da por pensar que el cambio climático trajera lluvia de palomitas de maíz los días tres de cada mes. Un hombre en la mesa de al lado protesta porque los churros están fríos. Tiene cara como de ir a añadir: esto en mis tiempos no pasaba. No dice nada. Trabajo, escribo, edito, leo, contesto correos, enredo un poco en Twitter. Salgo de la redacción y camino casi una hora hasta el chiringuito que hemos elegido para celebrar el cumpleaños de Amaya: el Tropicana. Espetos caros pero excepcionales, con un olor a mar cautivante. Notables conchas finas, un tomate picao con atún de lata y unos salmonetitos fritos meritorios. Se está muy bien. Miro el mar y no soy nada original en mi pensamiento, calidad de vida y tal y que bien el mar y qué suerte y noviembre y esta temperatura, y los extranjeros por aquí alegres y tal y cual. Es bonito, sí, ver el oleaje a pocos metros de tus aspiraciones.

Martes. En lo de Jesús Vigorra, Canal Sur radio, junto a África Mateo, de Ideal y Alberto García Reyes, director de ABC de Sevilla, que siempre nos recita unos versos flamencos al acabar. Damos muchos datos sobre asuntos diversos pero convengo con Vigorra que, para ciertas cosas, el ‘ojímetro’ no tiene parangón. Pego sorbos al café como para coger argumentos. Al terminar, me impongo dejar el coche y caminar una hora. Hay que hacer ejercicio y ser disciplinado, empezar el día con vigor, mantenerse activo. Churrería Pepe se llama donde me siento a los veinte minutos. Tiene uno que ser muy fuerte para mantener sus debilidades. Por la tarde escribo una página sobre el jeque de Qatar, mi columna, un suelto, un textín como editorializante y hasta el inicio de la presentación de un libro. Yo a veces escribo solo para después poder decir (o escribir) aquello de González Ruano: «Ya estoy escrito».

Miércoles. Me da por pensar que el hombre que está en la mesa de enfrente, cerveza, plato de pescado, es Jorge Dezcallar, que fuera director del CNI y embajador en diversos países. Ameno e informadísimo articulista de este grupo. El caso es que se le parece. Todos tenemos nuestro doble y tal. Me mira. Lo miro. Hay qué ver la de secretos que sabrá este hombre, no éste de enfrente, Dezcallar, me refiero. Tantos años dirigiendo a los espías. Está solo y come con placer. Lleva camisa blanca y chaleco azul. Al levantarse me mira y no sé cómo interpretar la mirada. Ojalá fuera Dezcallar, iría a saludarlo, lo mismo tomábamos un café jugoso. De vuelta al curro abro las webs: Jorge Dezcallar participa en un foro en Málaga. Ejem. Desde luego, el hombre sabe dónde dan las mejores conchas finas de la ciudad. Tiene buenos informantes.

Jueves. El ministro Iceta reúne al ‘mundo’ de la cultura de la ciudad. Pues para ser mundo veo pocas almas en las fotos. Los agraviados (los no invitados) tardarán poco en piar. En Twitter, que es donde se pía. Me pongo unas aceitunas.

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