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Joaquín Rábago

Rusos, no deseados

Ésa parece ser la advertencia que han colgado en sus fronteras algunos países que fueron parte de la URSS o involuntarios aliados como Polonia o Checoslovaquia durante la Guerra Fría.

Desde el pasado 19 de septiembre, las repúblicas bálticas (Lituania, Letonia, Estonia), además de Polonia, no admiten ya a ningún ruso con visado de turista.

Finlandia, país que fue neutral durante aquellos años, y que aspira ahora al ingreso en la OTAN, se sumó a ellos algo después, y en Noruega, que es ya miembro de la Alianza Atlántica, parece que se lo están pensando.

Desde el 25 de octubre, tampoco la República Checa deja entrar a turistas rusos en su territorio.

La primera ministra estonia, Kaja Kallas, justificó así en un tuit tan drástica medida: «Visitar Europa es un privilegio, no un derecho humano».

Muchos opinan hoy que los rusos que estuvieran en desacuerdo con la invasión de Ucrania tuvieron ya tiempo suficiente para abandonar el país sin esperar a la movilización parcial ordenada por Vladimir Putin.

Pero como señala desde Riga la periodista rusa Maria Bobyleva, la mayoría de los rusos que han abandonado el país por las fronteras con los países bálticos son sobre todo opositores.

Los rusos ricos, los que van de compras a París o Milán, no tienen problemas, sino que pueden costearse un billete aéreo hasta Estambul y desde allí proseguir viaje.

La mayoría de los países de la Unión Europea, como Francia o Italia, no ha prohibido entrar en territorio comunitario a los rusos dotados del oportuno visado.

Y en muchos casos se trata de ciudadanos privilegiados, hombres de negocios o millonarios que tienen incluso permiso de residencia en algún país europeo gracias a que tienen en él alguna propiedad inmobiliaria.

Ocurre, por otro lado, según explica Bobyleva (1), que más del 70 por ciento de los rusos no tienen pasaporte y sólo un 2 por ciento poseen un visado de Schengen para poder viajar por la UE.

Quienes salen de Rusia lo hacen en su inmensa mayoría con visado de turista y no con un visado humanitario, que sólo pueden conseguirse una vez que el ciudadano ruso está ya en territorio de la UE.

Habría que poder dar ese segundo tipo de visados dentro de la propia Rusia, lo cual no tiene sentido, dadas las actuales circunstancias.

Pero los rusos críticos con el régimen de Putin no tienen problemas sólo en Occidente, sino también en algún Estado hoy independiente pero que formó antes parte de la URSS como Georgia.

Desde que comenzó la guerra de Ucrania, se calcula que más de 300.000 rusos huyeron a la vecina Georgia, de los que han terminado quedándose más de 112.000, aproximadamente un 3 por ciento de la población de este país.

Mientras tanto, en muchos muros de Tiflis, la capital de Georgia, han aparecido pintadas con las palabras en inglés: «Russians go home!». Y éstas son las menos insultantes, según cuentan los rusos que allí se han refugiado.

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