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Gonzalo León

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Gonzalo León

La torre del Puerto y el éxito de Benidorm

Vista de Benidorm.

El proyecto de la torre del Puerto de Málaga sigue regalando a los ciudadanos un sinfín de situaciones surrealistas. Un ir y venir de criterios que marean al personal de una manera espantosa.

Lo último ha sido la llegada del siempre llano señor ministro de cultura, don Miquel Iceta, quien probablemente no se ha preparado bien del todo un tema que, tenía toda la pinta, iba a caer en el examen.

Y ahí estaba ella. La torre del puerto sonriente en su limbo de inestabilidad para salir a liar el taco en un pis pas.

E Iceta la ha liado. Básicamente porque ha tirado con una patada voladora todo atisbo de solidez al criterio local socialista en torno al proyecto en cuestión.

Es ya conocida la política de Dani Pérez y su equipo a este respecto en la última etapa. Están en contra del proyecto y no lo quieren. Si bien es cierto que en anteriores episodios de la temporada cuarta de The Tower quedaba un poco en duda por el lugar por el que iba a discurrir su discurso, es ahora cuando estamos presenciando un criterio claro, nítido y que deja lugar a pocas dudas: El PSOE de Málaga no quiere un palitroque de hierro en toda la punta del puerto de Málaga.

Y, como suele suceder cuando no hay buenas conexiones norte-sur, esta semana el ministro de Cultura (¿) ha dejado patente dos cosas: el desconocimiento más absoluto del paño y que lo que dentro parece un drama, no siempre se ve así desde fuera. Y de ambas cosas hay que aprender.

De lo primero porque resulta evidente que el gobierno de Pedro Sánchez no es muy del sur. No transmite una empatía con este territorio. Nunca jamás. O al menos ésa ha sido siempre mi percepción. Y no es un tema de presupuestos -que también- sino que no suelen coincidir estilos, formas y conceptos del presidente Sánchez con el de mis paisanos.

Quizá será porque aquí solemos decirnos las cosas a la cara. O yo qué sé. Pero la cuestión es que nunca se ha notado un buen feeling. Y eso que apoyan el tema de la Expo para Málaga y otras muchas cosas. Pero no. No hay esa cosilla. No está la chispa. Si Málaga y Pedro Sánchez fueran al programa de First Dates no formarían pareja. Falta algo. Y se nota.

Pero de lo que quizá sí debamos aprender un poco más es de relativizar cosas. Asuntos de esos que parece que nos quitan el sueño -a mí cada vez menos- pero que, sentidos y vistos desde fuera, a lo mejor no son para tanto.

A mí no me gusta el proyecto de la torre del puerto. Son innumerables las ocasiones en las que lo he planteado en todos los foros a mi alcance habidos y por haber. Si a mí me preguntaran, diría que no. Si me pidieran permiso, no lo daría. Si tuviera que imaginar en ese espacio un proyecto, jamás sería ése. Y si tuviera que imaginar en ese espacio una torre, no sería como ésta.

Dicho lo cual. Sí creo que quizá la vida va más allá. Hay vida después de la queja. Y tenemos en nuestro entorno aberraciones urbanísticas que lo tuvieron que ser antes, durante y después de su gestación como también habrá otras que parecían terroríficas y a posteriori no se ven de tal manera.

Ejemplos, miles. Los blocacos levantados en diferentes puntos estratégicos de la ciudad siguen siendo infumables. En el inicio del Compás de la Victoria, en Campos Elíseos o tapando la Catedral podemos encontrar edificios que siguen siendo un espanto. Y hace décadas de su construcción.

De igual modo, el ejemplo del hotel de Moneo se sitúa -obviamente para mí- en el caso opuesto a lo anteriormente descrito. Ha mejorado. Es bueno. Me gusta. Transmite calidad y creo que mejora sobremanera un entorno tela de feo.

Y quizá a eso se refiera -de la peor manera posible al comunicarlo- el ministro Iceta. Y es que hay cosas que mejoran con el paso del tiempo. Y lo que hoy nos parece una locura mañana será motivo de fiesta y alegría.

La Torre Pelli en Sevilla pasó un calvario hasta su construcción. Y, convencido estoy de ello, si hoy preguntaran a la mayoría de sevillanos por su viabilidad probablemente la aceptarían en masa.

Porque enriquece. Y por un motivo muy de aquí y es «porque está chulo». La gente sube a lo más alto. Descubre una visión nueva de la ciudad. Y en el caso de la de Málaga se convertirá también en una atalaya hacia el mar única.

Podemos entrar ahora a valorar otros aspectos que suelen ser recurrentes pero que en caso alguno se acercan a la realidad. Temas de ricos, pobres, el poco uso de los malagueños, etc.

Pero en la de Sevilla te encuentras muchísima gente allí. Tomando algo, comiendo, cenando o sencillamente disfrutando de las vistas. Y eso… «está chulísimo».

Insisto. A mí no me va este plan. Pero quizá sea una de esas cosas que hoy no veo y mañana probablemente sí.

Algo pasa cuando otros ven lo que tú ni hueles. Lo malo es que si lo dice alguien que te compara con «el éxito de Benidorm»… La cosa acaba siempre mal, muy mal.

Viva Málaga.

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