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Fran Extremera

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Fran Extremera

Luis Enrique es el padre de la novia de este Mundial

Luis Enrique Martínez M.TWITCH.TV/LUISENRIQUE21

El guiño catarí-que-te-vi hacia nuestro país durante la ceremonia inaugural del Mundial fue uno de los clásicos patrios en lo de animar a la selección: «Yo soy español, español, español», sonó alto y bien claro por mucho que fuese interpretado por animadores de Oriente Medio de acento más que dudoso.

Veo en determinados portales que España parte como cuarta favorita para ganar este atípico campeonato. En el caluroso desierto, cuyas máximas no bajan ni en otoño, andamos por detrás de Brasil y Argentina e incluso se mantiene por delante la vigente campeona, Francia.

Pero puestos a hacer apuestas, la expedición española va por delante de todas en varios aspectos que no escapan a nadie. Tener a Luis Enrique como inquilino del banquillo agrega un plus superlativo. El niño en el bautizo y el muerto en el entierro se ha colgado él mismo, gracias a su flamante aterrizaje en la plataforma Twitch, el cartel de también «el padre de la novia».

Ser protagonista absoluto, desviar la atención de unos jugadores en muchos casos tan jóvenes, es acierto de un grandísimo estratega. Pero con esa máxima le endosó ayer un papelón superlativo a su futuro yerno, el novio de su hija. Pocas horas después de que el seleccionador perdiese la virginidad como «streamer» irrumpió en sala de prensa Ferrán Torres. Vaya papelón, chaval.

El asturiano había dicho en su primer show online: «Ferrán Torres es mi prolongación en el campo». Toma ya. Sin anestesia. «Si no, me coge mi hija y me corta la cabeza…», remató para terminar de liarla. Ayer tuvo que salir al paso el yernísimo, que esta vez y con tal afirmación no pudo eludir la pregunta más esperada: «Para nada me siento así. El entrenador es muy bromista. Fue una cosa del directo».

Alegó Ferrán que los jugadores siguieron en grupo el primer «streaming» del seleccionador español y fue rotundo a la hora de zanjar posibles polémicas acerca del «padre de la novia». Así expresó ante los periodistas desplazados hasta las instalaciones universitarias donde España se encuentra concentrada: «El entrenador y yo sabemos diferenciar cuándo somos familia y cuándo entrenador-jugador. Lo estamos llevando muy bien».

Bien que nos alegramos de que lo lleven de maravilla. Después de la anterior experiencia mundialista, en la que nos quedamos sin seleccionador a muy pocas horas de empezar a competir, todo lo que venga se me antoja positivo. De momento, ya hemos visto que España va sobre ruedas desde el primer día.

Como les digo. A dos ruedas, concretamente. Es tan grande el complejo universitario donde están alojados tanto españoles como argentinos (como curiosidad nosotros ocupamos las instalaciones reservadas a las mujeres y Messi y compañía, las de los hombres), que para agilizar los desplazamientos interiores todos los expedicionarios utilizan patinetes eléctricos.

Como esta sección ya ha dedicado un par de artículos a tan desafiante artefacto, omitiré proponerle a Luis Enrique competiciones de velocidad para probar la destreza de sus pupilos en esos trayectos recurrentes que a buen seguro se convierten en monótonos. No vaya a ser que tengamos una segunda baja y esta vez haya que buscar a un juvenil, por aquello de ser también líderes mundialistas en precocidad (ya aparecemos entre las tres selecciones finalistas más jóvenes).

Anoche volvió Luis Enrique a Twitch. Su segundo directo. Tardó en activar el micrófono. Cosa esta que se repite cuando te inicias en esto de compartir foro virtual. Y luego nos hizo su propio análisis del partido inaugural, el que nos brindó el triunfo de Ecuador sobre la anfitriona. Volvió a incendiar redes, en alejar la atención que habitualmente pesa sobre los jugadores. Es su librillo. El librillo del «Lucho». Que le vaya bien le vendrá bien a España. Qué importa el resto.

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