PARAUTA, O CÓMO MORIR DE ÉXITO

¿Dónde quedó el tranquilo y acogedor pueblo que conocí hace algunos años? ¿Dónde quedó el poder recorrer sus calles y pasar un fin de semana apartado del mundanal ruido? Me hago estas dos preguntas después de volver a Parauta este pasado domingo para recorrer su fantástico Bosque de Cobre, y ser testigo a media mañana, y ya en mi regreso en coche de la afluencia de una auténtica marea humana al reclamo del recientemente creado Bosque Encantado: especie de bosque temático donde se han colocado, aprovechando los troncos de los castaños situados a las afueras del pueblo, alguna que otra figura de gnomo, casas encantadas, hadas y algún que otro ‘Señor de los Bosques’. Bajo mi modesto entender creo ha sido un error por parte de quien o quienes han pensado que podría ser un acicate para los habitantes de este maravilloso pueblo, del que seguramente sólo unos pocos sacarán beneficio. ¿Se ha pensado en el bienestar de la mayoría del vecindario? No me gustaría estar en el pellejo de los que tienen que aguantar fin de semana tras fin de semana esta marabunta humana. Atascos -espero que no suceda ninguna tragedia y algún vecino necesite la asistencia de alguna ambulancia o algún camión de bomberos porque les será prácticamente imposible acceder hasta el pueblo-, y algo que me resultó muy curioso: calles con el acceso restringido para que los vecinos puedan hacer su vida ‘normal’. Por no hablar ya de los ruidos, la suciedad... Estoy casi seguro que los negocios situados en el mismo pueblo y casas rurales si no es ya, en breve notarán que las reservas irán menguando. ¿Quién querrá estar en un sitio donde la tranquilidad es ya casi imposible de encontrar? Soy foraneo y, quizás, mi opinión no sea la más acertada, lo que sí estoy seguro es de no volver en mucho tiempo a este fantástico lugar. Lo dicho, morir de éxito.

Antonio Pedrajas. Málaga