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Javier Cuervo

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Javier Cuervo

Cuánto siente Infantino

Archivo - El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, en su intervención durante el sorte de los grupos del Mundial de Catar de 2022. Christian Charisius/dpa - Archivo

Gianni Infantino, que es presidente de la FIFA, italosuizo, abogado, casado como heterosexual y millonario dijo el sábado 19 que se sentía catarí, árabe, africano, gay y trabajador inmigrante. El sábado dijo «hoy me siento». Cuando escribo esto es probable que ya no lo sienta. Eso tienen este tipo de sentimientos que también se dan en la euforia de la borrachera y en la fase maníaca del trastorno bipolar.

No suelen darse tantos sentimientos a la vez, pero si Infantino es políglota (habla italiano, francés, español, alemán, inglés y árabe) ¿por qué no va a ser, polisentimental (catarí, árabe, africano, gay y trabajador inmigrante)?

Hago esfuerzos de empatía equiparable a la de Infantino, pero no consigo sentirme italosuizo, ni abogado, ni casado ni millonario. Ni por un segundo. En el juzgado me han dicho que no vale sentirse abogado, que hay que serlo. A lo mejor no lo siento con suficiente fuerza o soy un psicópata sin capacidad de empatía, aunque no me siento así.

Infantino se sentía todo eso para sentirse a gusto al frente del fútbol en el mundial de Catar que es económicamente muy rentable y políticamente muy incómodo. El mundial de Catar es sentimentalmente como quieras porque las declaraciones de sentimientos son gratis, útiles y casi ilimitadas. Digo casi porque Infantino no se sintió delfín (a lo mejor por falta de tiempo o de pertinencia). Que Infantino se hubiera sentido mujer habría sido pertinente -porque esa mitad de la población está limitada por leyes y costumbres cerriles- pero no podría ser presidente de la FIFA sin un varón tutor que se lo permitiese.

Seamos groseramente paradójicos: Infantino no tuvo cojones a sentirse mujer porque las mujeres no le dejarían y porque fútbol es fútbol, pero así dejó fuera una parte muy gorda del problema de Catar antes de denunciar la hipocresía de Europa, de sobra conocida. La hipocresía es fingimiento de cualidades o sentimientos contrarios a los que verdaderamente se tienen o experimentan. ¡Vaya casualidad! Sentimientos expuestos cuya sinceridad es difícil de comprobar.

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