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Vicente Almenara

LA SEÑAL

Vicente Almenara

Ya están dentro

Tenía que pasar, y lo que nos faltará por ver. Es igual que sean hombres o mujeres, son machistas, lo dice ella, que de condenar sabe un rato, eso sin tener todo el poder, que si lo llega a tener cruzo la frontera. Imagínate, como Rosario Murillo, la consorte del dictador nicaragüense Daniel Ortega, ella es la vicepresidenta, todo el poder en casa, como quiere Pablo.

Pero Convivencia Cívica Catalana apunta el dato de que en España hay 3.099 juezas y 2.700 jueces, una profesión con mayoría de mujeres, pero ya digo, da igual, las mujeres pueden ser tan machistas como los hombres porque lo dicen unas mujeres que no son machistas, claro, pero sí pueden ser como la Murillo. Después dicen que en Indonesia ha habido un terremoto de magnitud 6,9 ¿y esto qué es?

Aquí las cosas son un poco más lentas, ya se sabe. Ahora, al Ayuntamiento le han entrado las prisas para visitar La Invisible, más de una década después de la okupación, lo que ya es filosofía slow. Con qué lentitud se persigue el delito y cuan prestos caen los justos, amigo. Igualito que en APLAMA, en la que Paco Jurado e Inma organizan cursos, exposiciones y lo que se encarte, como ‘Entre lo visible y lo invisible’, de Begoña González, en la sede de Comandante Benítez, después 10x10=10+10, a continuación Presencias 55, y así…, debería servir de ejemplo a los lentos, que son pandemia.

Menos mal que Antonio se va a colocar al frente de la Internacional Socialista -que, por cierto, no cuenta con el fervor de la socialdemocracia europea, que apoya la Alianza Progresista, después de los escándalos por acoger dictadores-. Así que no se enfade Dani Pérez por el agravio de Iceta apoyando la torre del puerto, que desde que llamaron a Madrid a quien empezó dos carreras y no terminó ninguna y después perdió el mando en tropa en Cataluña está que no se halla.

Lo que sí está claro es que las mochilas se han impuesto a los maletines y hasta la derecha, para parecer progre, se echa la mochila al hombro. Pero la RAE sí está donde debe estar, no bailándole el agua a los príncipes políticos, y carga contra la nueva selectividad por reducir los contenidos de lengua y literatura. ¿Qué se creía la RAE, que el poder los prefiere cultos? Pero si de lo que se trata es de que los estudiantes cada vez tengan menos conocimientos, eso sí, con disimulo y bonos culturales, y como dicen los nuevos pedagogos, que aprendan a aprender, ¡ooohhh! Pero la RAE la tomarán, algunos bárbaros ya han entrado, solo queda saber cuándo abrirán la puerta desde dentro.

Al otro lado del Atlántico -que, con la globalización, es como de aquí a Alborán-, Nancy Pelosi ya se ha ido porque los republicanos la han echado, y dice «quiero partirle la cara a Trump», vaya, creíamos que la violencia y el odio eran del otro lado del Misisipi … ¡Ay, los demócratas de allí, son como la gauche caniche de ici! Y ¿cómo vamos a querer a Biden si acaba de concederle la inmunidad a Bin Salman, en el juicio por el asesinato del periodista Khashoggi?, te culpas tú solito, Joe, y la investigación de los negocios en Ucrania de tu hijo Hunter te salpica, vaquero, sal del saloon.

Después hay restaurantes que a las 23.30 te ponen la cuenta encima de la mesa sin que nadie la haya pedido, como en el Apolo; hombre, eso no se hace, Marlasca vale, pero no vosotros, porque los comensales no vuelven. También los hay que están en prácticas que la Agencia de Protección de Datos debería investigar por el acopio de datos de los clientes, más parece una ficha policial, yo digo que hay que castigarlos con nuestra indiferencia, y como Sara Montiel con aquello de ya sé por qué de mí vas así hablando/y es que el despecho te está matando/de no ver tu pasión correspondida/y eso en la vida lo lograrás/no te ocupes de mí/no he de ser para ti/no te canses, déjame ya. Lope de Vega quiso decirlo así:

Pruebo a engañar mi loco pensamiento

con la esperanza de mi bien perdido,

mostrándole en mil nubes escondido

un átomo no más de algún contento.

Mas él que sabe bien que cuanto intento

es apariencia de placer fingido,

se espanta de que estando al alma asido,

le engañe con fingir lo que no siento.

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