Está uno tan poco acostumbrado a que la semana se corone sólo con buenas noticias que tengo una sensación extraña.

En el Mundial de fútbol, España va de la manera adecuada, el Málaga CF consigue una victoria en La Rosaleda que sabe a gloria y nuestro Unicaja gana en Valencia, feudo y rival a los que se les da un especial valor por aquí.

A este Unicaja, el camino que está recorriendo se le puede ir empezando a valorar. Hay una serie de datos dignos de tomarse en cuenta: ocho partidos ganados -cinco de ellos de forma consecutiva- de los últimos diez jugados. Victorias que se consiguen con una aportación coral del plantel. Ojo, no porque todos jueguen lo mismo, que no es así, sino porque de manera cíclica, van apareciendo piezas sumándose al buen hacer de Alberto Díaz (esto es como el sol en nuestro cielo, ni lo tenemos en cuenta porque siempre está ahí). Si hasta ahora hablábamos con duda y temor sobre el estado de forma y la poca aportación de Tyler Kalinoski, Jonathan Barreiro y Will Thomas, aparecen en positivo durante el partido del domingo. Si decíamos que Nihad Djedovic es el imprescindible y Dylan Osetkowski la sorpresa más grata en cuanto a los fichajes, tienen el partido más gris de lo que llevamos de temporada… sin que el equipo los eche de menos.

Para no meternos en el típico modo triunfalista y para que nadie vaya aparcando ya el coche cerca de la fuente de las Tres Gracias, hay que ponerlo todo en perspectiva. Aunque este Unicaja cada día parece más sólido y solvente de la mano del trabajo de Ibon Navarro, y ha conseguido ganar un encuentro como el del domingo, ante un equipo de Euroliga, todo esto está claro que es largo y relativo.

Al Unicaja le hacía mucha falta una victoria del estilo de la cosechada en la Fuente de San Luis y además aprovecha una gran oportunidad, en una fecha que no exige un pico de rendimiento para los que están en la primera competición (ganar a cualquier equipo Euroliga más adelante es muy difícil). Sin dejar de lado las ausencias por lesión, focalizadas además en la posición de base, con lo que ello conlleva, o las dos jornadas que tuvieron los de Álex Mumbrú ante Real Madrid y Zalgiris esta misma semana, completando cinco partidos perdidos de manera consecutiva.

Tras venir de un tiempo complicado, demasiado extendido en el tiempo y con una dosis de aburrimiento y de atonía que pertenecían al día a día del equipo y del club, estar en este momento da pie a que ilusionarse no sea nada raro.

He dejado de forma intencionada la que para mí es la noticia más importante de esta semana pasada, o no sé si de algún periodo más largo. El miércoles pasado el club comunicó que el pabellón de Los Guindos pasará a llamarse José María Martín Urbano, la mejor de las noticias que podía imaginarse y hecho sobre el que ya había escrito en su momento en estas páginas.

Una alegría inmensa por una noticia, que trae además una situación nueva: el reconocimiento por parte del club a alguien que en vida no llegó a realizar. Pero después de lo que se había vertido al exterior, que estaba bastante lejos de la idea inicial lanzada por José Miguel Moreno y que ha terminado siendo, es de agradecer que por parte de la institución se haga por reparar una parte de la historia que había quedado sepultada y olvidada. Sobre si era de forma intencionada, que cada tenga su opinión.

Si la vida fuera ideal, José María estaría emocionado en el acto de ver cómo el lugar donde estuvo tanto tiempo pasa a tener su nombre y el club que ayudó a crear rectifica y lo recupera para su historia, pese al mal realizado en su salida tan injusta. Nosotros tendremos que contentarnos con pasar por allí como tantas veces y pensar que se ha hecho justicia recordando su vida, y contemos orgullosos que tuvimos la suerte de conocerlo.

Como por desgracia no podremos estar con él, quiero tomarme el paso adelante dado por el club como el ejemplo de lo que va a seguir siendo el modus operandi de la entidad presidida por Antonio Jesús López Nieto y agradecer el reconocimiento por una persona que significó tanto para tantos, entre los cuales tengo la suerte de incluirme.

Allá dónde estés, disfruta de todo esto que no es sólo una pequeña parte de lo que te mereces. Los que nos quedamos por aquí, seguiremos presumiendo siempre de haberte tenido a nuestro lado.