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José María de Loma

Viento fresco

Jose María de Loma

Málaga en París

Hay que conquistar a los del jurado como hizo Qatar con los que otorgan el Mundial. Hala, hala, otra ronda para todos...

La delegación española de la Expo de Málaga, en París. L.O.

Málaga acudió ayer a París a defender su candidatura para la Expo 2027. A ver si esta vez tenemos más suerte y no la pifiamos como con ‘Málaga capital europea de la cultura 2016’, que fue vana pretensión, mal timón, exceso de expectativas y ausencia de realismo. Ya pasó.

Las ciudades deben ser como las personas: las inteligentes se reponen de un fracaso, las tontas nunca se reponen de un éxito. La embajada malaguita fue nutrida, colorida, tal vez con algún gafe en su seno; la magnética María Casado presentó la alocución, habló el alcalde (en francés) y estaba previsto que se evacuaran vídeos con personalidades alabando la ciudad, el proyecto y sus posibilidades. Gracias per sempre, Nadal. Viva tú, que eres la viva imagen del éxito.

A los parisinos, a los encorsetados diplomáticos, a los señores del jurado y a personalidades varias (y cazacroquetas) ya se les ofreció una jamada, un cóctel, con productos típicos malagueños, allá en la capital de Francia hace una semana. Salieron encantados. Y llenos. Seguimos pensando que a un hombre se le conquista por el estómago, si bien no es aconsejable la ingesta de Locas a lo loco ni de tortas de Algarrobo en número superior a tres. Tal vez haya que preguntar a los de Qatar cómo han conseguido el Mundial (mejor dicho, preguntárselo a los miembros del comité decisorio) e imitarlos. Otra ronda para todos.

A uno le hubiera gustado una Expo 2027 sobre la generación del 27, con pabellones llamados Aleixandre, Lorca o Cernuda, donde los restaurantes sirvieran un postre llamado Delicias Altolaguirre o el pabellón llevara el nombre de Emilio Prados. Gigantes y cabezudos disfrazados de Dámaso Alonso y caretas de Alberti para los niños.

Málaga merece esta Expo 2027, la era de la sostenibilidad y tal, y sería el colofón para una etapa, una era que la ha puesto en órbita. Cara también la ha puesto. Efervescente, de moda, expansiva, cultureta y gentrificada. La Expo esta sería como que a Málaga le creciera un brazo más, una pierna, una expansión brutal en unos terrenos ahora desiertos. Pero no soñemos. Ni tengamos pesadillas. La suerte no está echada y no será lo que tenga que ser o sí o todo lo contrario. Lo suyo es estar para verla. E incluso hablar de ella en pasado. Algún día.

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