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Que el ritmo no pare

Osetkowski revienta el aro del Dijon. BCL

El 5 de marzo 2002 se lanzaba al mercado el cuarto álbum de la cantante mexicana Patricia Manterola con su gran «hit» y banda sonora de la vuelta ciclista a España, «Que el ritmo no pare». Con el paso de los días se hizo una versión llamada «Que el fútbol no pare» para el Mundial de Corea y Japón 2002. En México incluso hicieron una versión llamada «Que México no pare» para animar a todos los deportistas de su país. El éxito fue tan grande que fue incorporada en la banda sonora de la Fórmula 1 e incluso en el videojuego de la NASCAR 2014. La XFL, una liga estadounidense de fútbol americano, también la eligió entre sus sintonías.

La canción viene que ni pintada para este inicio de temporada del Unicaja. El paso de las semanas va dando continuidad al proyecto y estas 6 victorias consecutivas, algunas de mucho mérito, deben recordar que el ritmo del equipo no puede parar porque si no se puede volver a un punto, ya conocido y poco alentador. Pasado el primer Everest llegan ahora dos partidos que, por el nombre de sus rivales pueden parecer fáciles, pero si el equipo no está a tope tendrá problemas.

La primera piedra de toque es Zaragoza. Los maños llegan al Carpena el sábado en la parte baja de la tabla después de cambiar de entrenador y de varios jugadores. Justinian Jessup y Christian Mekowulu son dos jugadores destacados pero el líder de este proyecto está llamado a ser Howard Sant-Roos. El cubano nació el mismo año, 1991, en el que se disputaban los Juegos Panamericanos en la Habana. El puertorriqueño Piculín Ortiz y la brasileña Hortençia Marcari fueron las grandes estrellas baloncestísticas de un campeonato donde Cuba superó por vez primera en la historia en el medallero a los Estados Unidos, con 140 oros.

Su madre Nereida, que trabajaba como defectóloga, rama de la medicina que se ocupa de los niños que carecen de autonomía propia de naturaleza mental o física, al nacer el pequeño Howard se trasladó de la casa de suegros a la casa de su madre. En la casa de la calle Serrano, del barrio 10 de Octubre de La Habana, vivían 9 personas en 2 habitaciones. Pero allí estaban sus dos grandes referentes: su madre y su abuela. A pesar de la pasión de su padre y su tío por el baloncesto, primero probó suerte con el béisbol y el voleibol. Pronto volvería a la cercana cancha del Combinado Deportivo San Carlos a jugar con la pelota naranja.

Con el entrenador Yonael llegó a la Escuela Integral de Deportes Manuel Fajardo. La familia tenía que pagar toda la ropa. Las zapatillas eran el principal problema para una familia humilde. A pesar de eso, su madre, que nunca dudó de las habilidades de Howard le gritaba: «Tírate al piso, no te preocupes por la ropa». Cuando tenía 16 años, Nereida se casó con un italiano y se vinieron a vivir a Europa. Su primer club, La Gerardiana (Monza) para luego pasar al Casalpuesterlengo. El primer técnico italiano que creyó en él fue Massimo Battoti: «Siempre creyó en mí, antes incluso que yo» comentaba en la prensa cubana. Medía 2 metros y pesaba 80 kilos. Era muy frágil pera también muy veloz. El más rápido del equipo.

En mayo de 2015 estuvo en la órbita del Baskonia tras la lesión de Davis Bertans. Como el acuerdo para hacer jugadores cotonou a los cubanos todavía no se había firmado, era extracomunitario y el acuerdo no se cerró. Ganador de la Eurocup con el Darussafaka de David Blatt, Scottie Wilbekin o Cummings y debutante en la Euroliga en 2020 con el CSKA de Itoudis afronta ahora un gran reto: Salvar al Zaragoza del descenso.

Los elogios de la victoria en Dijon o en Valencia no deben nublar a un equipo que necesita estas dos victorias ante Zaragoza y Fuenlabrada para estar en la Copa. El calendario ahora es bueno, pero hay que demostrarlo en la cancha. Real Madrid, Barcelona y los 2 equipos canarios parecen fijos, junto al organizador Joventut. Quedarían 3 plazas para las que Unicaja y Baskonia tienen una pequeña ventaja, si no la pierden. Suerte

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