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Fran Extremera

Marcaje en corto

Fran Extremera

Ver que no eres el centro del universo

Luis Enrique, el seleccionador español, en un entrenamiento en Doha. EFE

El otro día volví a cruzar los Jardines del Salón, mirándome en el río Genil. Es un paseo recurrente desde que di mis primeros pasos como colaborador musical en Canal Sur Radio. Granada siempre ha estado ahí. Y lo estará. No fue mi ciudad universitaria, pero sí la que me permitió abrirme paso hasta consolidar mi vocación periodística.

Atravesar el paseo de los Tristes, mirarme en el río Darro. Tener la suerte de ver nacer la fiebre festivalera, con el cambio de siglo, cruzar España y tener así acceso a algunas de las mejores bandas independientes británicas o estadonunidenses. Todo aquello, al igual que mis colaboraciones musicales de cada semana en otros diarios, Cadena Ser o tantos y tantos espacios culturales, me abriría las puertas de La Opinión de Málaga.

Lo vi nacer y hoy, 23 años y medio después, sigue siendo testigo ejemplar para esta Málaga de moda, la del nuevo «skyline» que se abre paso en Martiricos o las inmediaciones del Carpena. La Málaga de la calle Larios por Navidad, la del Parque Tecnológico ya consolidado, la que ahora sí que mira al mar por Muelle Uno, la que presume de Soho con el teatro de Antonio Banderas como insignia.

Pero esto va de deporte, sí. Y qué diablos. No eres el centro del universo, aunque este oficio te permita vivir de manera frecuente experiencias extraordinarias. El deporte de elite también te las otorga. Por ejemplo, en plena celebración de una competición tan mediática como un Mundial de fútbol es difícil que un jugador, un entrenador, no se sienta, y con razón, el auténtico centro del universo.

A Luis Enrique se le ha acusado de forma recurrente de buscar los focos, de sentirse cómodo siendo el centro del universo. Su nueva incursión en Twitch y esos cientos de miles de espectadores únicos han multiplicado los argumentos. Horas y horas delante de la pantalla en contacto directo con los aficionados es una manera muy saludable, por otra parte, para mantenerse bien anclado al suelo.

Por eso he considerado importante traerme hasta aquí unas frases del seleccionador que hace unos días fueron noticia y que fueron pronunciadas ante la pregunta de un usuario de Twitch. Habló sin paños calientes las virtudes e inconvenientes de formarte en etapa escolar en las filas de un club de fútbol.

Instó a los padres a que dejen a sus hijos disfrutar, a preguntarles cuando acaban si han disfrutado, si lo han dado todo, si han dado «su máximo esfuerzo». Y alegó que un equipo de fútbol te genera en esas edades tempranas valores: «Los va a coger. Valores de la vida. Aprender a ganar, a perder, la frustración, gestionar las alegrías con tus compañeros, gestionar las tristezas de tus compañeros, ver que no eres el centro del mundo, que el universo no funciona todo pensando en tu ombligo».

Mi miro en el Genil, como en el Darro, a los que ahora rindo visita con la misma regularidad de antaño. Paseo de casa al Guadalmedina, un poco más lejos hasta el Guadalhorce. Y en esas aguas que bajan para no volver, como los meses, los años, te ves minúsculo e insignificante. Igual ha tenido que pasarnos por encima una pandemia para aprenderlo.

Tienes razón, «Ro». La firma siempre a pie de página, en segundo plano. Que los focos sean para el seleccionador. Nosotros esperaremos pacientes entre bambalinas, no tan lejos del Zaidín, del estadio de Los Cármenes. Y como recurso derretiremos maquillaje por Carnaval, haciendo pantalla al miedo escénico.

Mañana espera Marruecos en octavos de final. Ojalá que sin miedo escénico para una generación tan poco rodada. Y el jueves, Liga SmartBank. Se viene otro Málaga-Granada. Ojalá que también sin miedo escénico. Mucho se juegan unos y otros. Pero el universo seguirá girando.

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