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Jordi Cánovas

Tribuna

Jordi Cánovas

Fin de año

En estos días se llenará la televisión de resúmenes del año y no saldrá ni una buena noticia. Nada más allá de esporádicas alegrías, de anecdóticas sonrisas

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Una vez desenvueltos los regalos de Navidad, en donde hubo, ya bebidas las copas de más, o las botellas, y con el estómago demasiado lleno de tanta comida en familia, con suerte, se acerca el fin de año dónde quien más, quien menos suele hacer balance del año que termina. Y es que pasan tantas cosas y en tantos lugares, que se hace imposible seguir la trama de la vida sin dividirla en temporadas y capítulos. Y este 2022 no se queda a la zaga, un año en que se empezó a dejar de oír la palabra pandemia y, sobre todo, la palabra Covid, pero que pasó su funesto testigo al ruido de las balas, al horror de las batallas, y a la calamidad de una crisis mundial con epicentro en Ucrania; con una guerra que se ha llevado -según algunas fuentes- más de doscientas mil vidas, cuarenta mil de las cuales eran civiles, gente sin armas, aplastados por la crueldad de gente sin alma. La guerra nos muestra cada día que no importa lo avanzados que estemos, lo lejos que hayamos llegado, que siempre nos queda a mano el primitivo instinto de matarnos. En estos días se llenará la televisión de resúmenes del año y no saldrá ni una buena noticia. Nada más allá de esporádicas alegrías, de anecdóticas sonrisas que apenas ocuparán una línea en los libros de historia. El protagonismo se lo llevará la crisis energética, el drama de la guerra, la polarización política en todos los países, el deshielo de los polos, el cambio climático, la mala atmósfera, la incapacidad de entenderse y la muerte de inmigrantes en la orilla de unos sueños que los duermen para siempre. Y en ese contexto mundial se nos invitará también a celebrar el fin de año, a comernos las uvas y brindar con cava, para llenar de propósitos un 2023 lleno de trabas.

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